Argentina entre la ilusión del rebote y el riesgo de caer por una cascada fiscal

La cascada de nuestra macroeconomía
La advertencia final sobre el riesgo fiscal que acecha si el ajuste no se sostiene y la economía no reactiva.
Mark

¿Por qué Itaú destaca tanto que Argentina está en los 2.000 puntos del Merval ahora si ya tocó esos niveles antes?

Mimi

Porque esta vez el país llega con exportaciones netas de petróleo y un déficit de cuenta corriente pequeño. Antes, cuando Macri o el propio Milei hace un año llegaban a esos niveles, había desequilibrios macroeconómicos mucho mayores. Es el contexto el que cambia la historia.

Luke

Pero espera. ¿Cuánta de esa resistencia es real y cuánta es solo que el mundo está menos dependiente de energía? El Banco Mundial dice que la dependencia cayó un tercio en EE.UU. desde 2000. Eso no es mérito de Argentina, es un cambio global.

Mark

Entonces, ¿los 100.000 millones de dólares en inversiones anunciadas son reales o solo promesas?

Mimi

Son anuncios. La inversión extranjera directa real cayó 535 millones desde que Milei asumió. Hay una brecha enorme entre lo que se promete y lo que llega.

Luke

Y esa brecha es el verdadero problema, ¿no? Porque si no llega el dinero, la recaudación no sube, y entonces Milei no puede sostener el ajuste fiscal que prometió al FMI.

Mark

¿Qué pasa si la recaudación sigue cayendo?

Mimi

Entonces el Gobierno tiene que elegir: o flexibiliza el ajuste fiscal, lo que lo pone en conflicto con el FMI, o mantiene el ajuste y el gasto público cae al nivel más bajo de los últimos diez años.

Luke

Y eso es lo que Milei dice que no hará, porque eso es lo que fracasó en el pasado. Pero la Fundación Capital dice que será complejo sostener el superávit del 1,4% del PBI con la caída de ingresos. Es decir, el problema ya está identificado pero no resuelto.

Mark

¿Entonces la recuperación económica es lo único que puede salvar el plan?

Mimi

Sí. Si la actividad reactiva, la recaudación sube, y el Gobierno puede sostener el ajuste sin apretar tanto. Pero los economistas están divididos sobre cuándo ocurre esa recuperación.

Luke

Y mientras tanto, Milei otorga subsidios extraordinarios al gas para los más pobres. The Economist dice que está en serios problemas. Eso no suena como un Gobierno que está ganando.

  • El Merval ronda los 2.000 puntos en dólares y los bancos de Wall Street reconocen que Argentina llega a este momento con menos desequilibrios externos que en ciclos anteriores, lo que reduce el riesgo de una crisis cambiaria abrupta.
  • Sin embargo, la inversión extranjera directa cayó US$ 535 millones desde que asumió Milei, una brecha desconcertante frente a los US$ 100.000 millones en anuncios de inversión comprometidos para los próximos cinco años.
  • La recaudación fiscal lleva nueve meses consecutivos cayendo en términos reales, y sostener el superávit del 1,4% del PBI exigido por el FMI requerirá un gasto público en su nivel más bajo de la última década.
  • Los economistas esperan un rebote de la actividad en el segundo trimestre, pero el timing es incierto: la digestión del endeudamiento de los hogares es lenta y la inflación no cumplirá la pauta del presupuesto.
  • La presión política crece —el Gobierno ya otorgó subsidios extraordinarios al gas para los sectores más vulnerables— y The Economist advierte que Milei enfrenta dificultades serias, poniendo en tensión la narrativa del ajuste sin fisuras.

Argentina atraviesa un momento de equilibrio frágil: sus fundamentos externos lucen más sólidos que en crisis anteriores, pero la promesa de inversión masiva aún no se traduce en flujos reales, y la recaudación fiscal cae mes a mes. En un mundo sacudido por shocks energéticos y tensiones geopolíticas, el país despierta cierto optimismo en los mercados internacionales, aunque los economistas advierten que la recuperación de la actividad no es un dato sino una apuesta. La historia argentina enseña que las ilusiones de estabilización pueden desvanecerse cuando el ajuste fiscal pierde sustento político y económico.

Los bancos de Wall Street y los analistas locales coinciden en que Argentina resiste mejor de lo esperado en un contexto global convulsionado. El Merval en dólares ronda los 2.000 puntos, y el banco Itaú subraya una diferencia crucial respecto a episodios similares bajo Macri o el propio Milei hace un año: esta vez el país llega con un déficit de cuenta corriente pequeño y siendo exportador neto de petróleo. Economistas críticos del Gobierno, como Marina Dal Poggetto, admiten que el riesgo de una crisis financiera y cambiaria es hoy más bajo que en el pasado.

Pero esa resistencia no significa que los dólares fluyan hacia la economía real. Desde que Milei asumió, la inversión extranjera directa cayó US$ 535 millones, un contraste desconcertante con los US$ 100.000 millones en anuncios de inversión comprometidos a través del RIGI y otros mecanismos. Pasar de esa cifra actual a esa meta en cinco años sería un salto histórico comparable al shock petrolero de los años 70. Mientras tanto, operaciones como la compra de Profertil por parte de Adecoagro alimentan el optimismo sectorial, vinculando agricultura y energía en una apuesta de largo plazo.

Debajo de la narrativa optimista acecha una pregunta más incómoda: ¿puede Argentina sostener la recuperación? La inflación de abril podría confirmar una baja hacia el 2,4%, pero el Gobierno ya asume que no cumplirá la pauta del 10% anual prevista en el presupuesto. Lo que el mercado observa ahora es si la actividad económica rebota. Daniel Artana, de Fiel, espera una mejora en el segundo trimestre gracias a tasas más bajas; Miguel Kiguell anticipa un regreso al crecimiento tras un primer trimestre sin avances.

El nudo central es fiscal. La recaudación lleva nueve meses consecutivos cayendo en términos reales, y el acuerdo con el FMI exige un superávit del 1,4% del PBI. Según la Fundación Capital, sostener ese objetivo será complejo y requerirá comprimir el gasto hasta niveles no vistos en una década. Milei se jacta de no repetir los errores de estabilizaciones pasadas que aflojaron el ajuste y terminaron en desencanto. Pero la historia argentina advierte que cuando la economía no reactiva y la recaudación no acompaña, la cascada macroeconómica no avisa antes de caer.

Los bancos de Wall Street y los analistas locales ven a Argentina resistiendo mejor que lo esperado en un mundo convulsionado por la crisis de Medio Oriente y la incertidumbre política doméstica. El índice Merval cotiza cerca de los 2.000 puntos en dólares, un nivel que el banco Itaú destaca como significativo, aunque con una diferencia crucial respecto a ciclos anteriores: esta vez el país llega con un déficit de cuenta corriente pequeño y siendo exportador neto de petróleo, no con los enormes desequilibrios externos que caracterizaron momentos similares bajo Mauricio Macri en 2017 o el propio Javier Milei hace un año atrás.

El riesgo de una crisis financiera y cambiaria como las que Argentina ha sufrido repetidamente es hoy más bajo, admite Marina Dal Poggetto, economista crítica del Gobierno. Pero esto no significa que los dólares del exterior fluyan ya hacia la economía real. Desde que Milei asumió, la inversión extranjera directa cayó 535 millones de dólares, un contraste desconcertante con los 100.000 millones de dólares en anuncios de inversiones comprometidos a través del RIGI y otros mecanismos para los próximos cinco años. Pasar de esa cifra actual a los 100.000 millones en cinco años sería como transportarse a Jeddah en los años 70, cuando un shock petrolero abrió las compuertas de una avalancha de dólares en poco tiempo, según cuenta el ex periodista de The Washington Post Paul Blustein en su libro Rey dólar.

Parte del mercado se ilusiona con historias como la de Adecoagro, que adquirió Profertil, el único productor de urea de Argentina. Itaú señala que Argentina podría representar aproximadamente el 50% del Ebitda de Adecoagro en el futuro, vinculando la rentabilidad de la empresa al aumento del suministro interno de gas y exponiendo a dos de los sectores más fuertes del país: agricultura y crecimiento impulsado por la energía. El shock energético actual, el más grave desde los años 70, ha sorprendido por la resistencia que mostraron economías emergentes como la Argentina. El cierre del estrecho de Ormuz retiró casi 13 millones de barriles diarios de la oferta global, y sin embargo los índices bursátiles en muchos países han registrado nuevas alzas. Una explicación es que la dependencia de energía ajustada por inflación para generar dólares cayó un tercio en Estados Unidos y casi 40% en China desde el año 2000.

Pero debajo de esta narrativa optimista acecha una pregunta más incómoda: ¿puede Argentina sostener la recuperación? La desinflación es clave. El dato de abril podría mostrar si la inflación se estabiliza en torno al 2,4%, bajando desde el 3,4% de marzo. Para el Gobierno, el año en materia de inflación está jugado: no se cumplirá la pauta del presupuesto del 10%, y madura la idea de que la inflación este año sea similar a la del año pasado. Pero lo que el mercado observa ahora es si la actividad económica reactiva o no. El Gobierno decidió otorgar un subsidio extraordinario al gas para los más pobres, una señal de que la presión política aumenta. The Economist escribió esta semana que Javier Milei está en serios problemas.

Los economistas están divididos sobre el timing de la recuperación. Para Daniel Artana, jefe de Fiel, el primer trimestre fue malo porque la digestión de la mora en el pago de deudas de las personas lleva tiempo, pero en el segundo trimestre rebotará gracias a tasas más bajas. Miguel Kiguell espera que la actividad termine el primer trimestre sin crecimiento respecto al último trimestre del año pasado, pero que vuelva a crecer en el segundo. La reactivación es crucial no solo para el bolsillo de las personas, sino también para la recaudación fiscal. Durante nueve meses consecutivos, descontando la inflación, la recaudación ha caído. Si hay más movimiento, más dinero en la calle, la recaudación sube, y eso ayuda a Milei, a los gobernadores y a los intendentes a ajustar menos.

Ahí está el verdadero nudo del problema. En el acuerdo con el FMI, el objetivo previsto es un superávit del 1,4% del PBI. Pero según un trabajo de la Fundación Capital, será complejo sostener ese objetivo dada la caída de los ingresos, porque exigirá compensar por el lado del gasto. De concretarse, el gasto público se ubicaría en el nivel más bajo de los últimos diez años, lo que plantea un desafío para algunas partidas. La cuestión fiscal es clave porque Milei se jacta de las experiencias fallidas de estabilización del pasado, que aflojaron o flexibilizaron el ajuste fiscal. Esas experiencias comenzaron siendo una ilusión pero terminaron con el desencanto de confirmar que no es posible sostener el esfuerzo para evitar que la economía caiga por una cascada. No es la cascada de Manuel Adorni. Es la cascada de la macroeconomía.

Lo que distingue este ciclo de los anteriores es que Argentina no es solo una historia de reformas sino de exportaciones
— Banco Itaú
Javier Milei está en serios problemas
— The Economist
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