En el transcurso de dieciocho meses, Argentina ha recorrido un camino silencioso pero significativo en el mapa global de las monedas: de liderar el ranking de divisas sobrevaluadas según el índice Big Mac de The Economist, ha descendido al puesto 14 en julio de 2026. El movimiento no es un triunfo absoluto —el peso sigue sobrevaluado un 19% cuando se ajusta por ingresos— sino el reflejo de una corrección gradual en la relación entre precios, salarios y tipo de cambio. Como tantas veces en la historia económica, los números cuentan dos historias distintas según desde dónde se los mire.