Desde los márgenes del Atlántico Sur, Argentina busca inscribirse en el orden de seguridad occidental que definió el siglo XX sin haber sido invitada a fundarlo. Bajo la administración Milei, Buenos Aires no aspira a la membresía plena de la OTAN —prohibida por geografía y tratado— sino al estatus de socio global, una categoría que en América Latina solo Colombia ha alcanzado. El aumento del presupuesto de Defensa previsto para 2027, financiado con superávit fiscal, es la señal más concreta de que esta reorientación geopolítica no es retórica sino estratégica.