Durante siglos, la sabiduría popular atribuyó poderes curativos a ciertos alimentos sin poder explicar el mecanismo. Hoy, investigadores de East Anglia y Harvard han cuantificado con rigor lo que ocurre en el cuerpo humano cuando se consumen 150 gramos diarios de arándanos: las arterias se vuelven más flexibles, el azúcar en sangre desciende y el hígado mejora su función. Lo que distingue este hallazgo no es solo la confirmación de un beneficio, sino la precisión de la dosis —una lección sobre la diferencia entre el hábito ocasional y la constancia terapéutica.