En la encrucijada entre la geopolítica y la energía global, Arabia Saudita cerró el 12 de septiembre su oleoducto Este-Oeste —la principal alternativa al Estrecho de Ormuz— tras ataques con drones atribuidos a milicias proiraníes que operan desde Irak. Este cierre no es solo una interrupción técnica: es la manifestación física de tensiones regionales que llevan años acumulándose y que ahora amenazan con trasladarse, en forma de precios y escasez, a economías de todo el mundo. La historia del petróleo siempre ha sido también la historia del poder, y este episodio recuerda cuán frágiles son las