En un momento en que la inteligencia artificial remodela silenciosamente la creación artística, Apple Music ha decidido hacer visible lo invisible: antes de que termine 2026, cada canción tocada por algoritmos llevará una etiqueta que cualquier oyente podrá ver. La medida responde a una presión sostenida de la industria discográfica global, que exige para la música el mismo nivel de transparencia que ya existe para el contenido explícito. Es un gesto pequeño en apariencia, pero que plantea una pregunta antigua con urgencia nueva: ¿tiene el oyente derecho a saber cómo nació lo que escucha?