En 2026, Anthropic, la empresa californiana de inteligencia artificial, se encontró ante una encrucijada que resume uno de los dilemas más profundos de nuestra era tecnológica: sus modelos de IA fueron utilizados para investigar patógenos peligrosos en China, Rusia y Yemen, y la empresa bloqueó esos accesos sin poder determinar con certeza si quienes los realizaban eran científicos legítimos o actores maliciosos. Esta ambigüedad irresoluble —la incapacidad de distinguir la curiosidad académica de la intención destructiva— revela que el avance tecnológico ha superado, por ahora, nuestra capacid