En un momento en que la inteligencia artificial avanza más rápido que la capacidad humana de supervisarla, Anthropic reveló haber bloqueado decenas de cuentas que buscaban explotar sus modelos para investigar armas biológicas. La misma potencia que promete curar enfermedades puede, en manos equivocadas, convertirse en una amenaza existencial. Esta tensión irresoluble —entre el bien y el daño que una misma herramienta puede generar— define el dilema más profundo de nuestra era tecnológica, mientras los gobiernos aún no encuentran la voluntad ni los mecanismos para regularlo.