A finales de agosto de 2026, millones de personas descubrieron en sus teléfonos Android una aplicación que nadie recordaba haber instalado. En ese instante de extrañeza, se condensó una tensión más profunda de nuestra era: la dificultad de distinguir entre la vigilancia y el cuidado cuando ambos operan en silencio. Android Pulse resultó ser un guardián técnico legítimo, pero su aparición silenciosa reveló cuánto desconfiamos de las herramientas que nos protegen cuando no podemos verlas trabajar.