Durante millones de años, los dientes de un Tyrannosaurus rex guardaron en silencio una firma química que ningún científico había podido leer. Investigadores de la UCLA, tras una década de refinamiento técnico, extrajeron fragmentos diminutos del esmalte de 'Thomas' —uno de los esqueletos más completos de la especie— y descubrieron que el animal mantenía una temperatura corporal de 36 grados Celsius. Ese número, casi idéntico al del cuerpo humano, sitúa al mayor depredador del Cretácico en un territorio fisiológico intermedio entre el reptil y el ave, y sugiere que la vida, incluso en sus form