Durante casi seis décadas, la naturaleza metabólica del Tyrannosaurus rex permaneció en el terreno de la especulación. Ahora, un equipo de científicos de UCLA ha leído en el esmalte de dientes fósiles lo que ningún hueso podía revelar: que este depredador del Cretácico tardío mantenía una temperatura corporal de aproximadamente 36 °C, equiparable a la humana. El hallazgo, publicado en Science Advances, no solo redefine nuestra imagen del T. rex como un animal activo y adaptable, sino que abre una ventana química hacia la fisiología de criaturas extintas hace millones de años.