En las ciudades patagónicas de Allen y Roca, una investigación de trece meses reveló que la paciencia forense puede desenterrar lo que el ingenio criminal intenta sepultar: casi cinco kilos y medio de cocaína escondidos en las entrañas de un automóvil bajo custodia judicial. El hallazgo, guiado por mensajes de texto y el olfato de un perro entrenado, recuerda que las redes del narcotráfico no descansan ni siquiera cuando sus herramientas están en manos del Estado. La investigación continúa, buscando trazar el mapa completo de una organización que, al parecer, movía sustancias desde el Alto Val