Ana Rujas encarna una figura creativa que se niega a reducirse a una identidad consumible: actriz que transforma su cuerpo para dar vida a la primera boxeadora española campeona mundial, escritora que explora la domesticación de lo salvaje, y guionista que busca momentos robados para construir su primera película. En un tiempo que exige perfiles atractivos como condición de visibilidad, Rujas elige el riesgo como método y la ficción como territorio donde su pensamiento habita sin exponerse como individuo. Su trayectoria habla de algo más amplio: la tensión entre lo que somos y lo que se espera
Ana Rujas: «Si no me arriesgo, no funcionará»
Si no me arriesgo, no funcionará
¿Por qué te molesta tanto la idea de construir un perfil en redes? Otros creadores lo ven como una herramienta.
Porque siento que hay una violencia en la obligación de ser consistente, de tener una versión de mí que sea fácil de consumir. Eso me adormece como creadora.
Pero tú tienes presencia en redes. ¿Cómo navegas eso en la práctica?
Intento que lo que comparto sea trabajo, no opinión. Ficción, no confesión.
¿Y la película que estás escribiendo? ¿Cómo entra tu voz ahí?
Inevitablemente. No puedo evitar una cierta manera de contar. Pero eso no significa que sea sobre mí.
¿Qué significa "ponerse entre las cuerdas" en la actuación?
Que el cuerpo sea el que actúe, no la mente. Que sea el ser completo quien se desarrolle, no una versión pulida.
¿Y eso es generosidad?
Sí. Es ceder espacio para que las historias de otras vidas puedan vivir a través de ti.
¿Cuánto de lo que dices sobre el riesgo viene de la experiencia con Claudia Costafreda?
Mucho. Ella me enseñó que el riesgo es necesario, que la colaboración real requiere vulnerabilidad.
¿Sientes que has encontrado esa comunidad femenina que buscabas?
Con algunas mujeres, sí. Pero fue un camino doloroso. Y sigue siendo frágil.
Il Polso
- La exigencia de construir una identidad consumible en redes le ha generado ansiedad real: siente que el altavoz creativo se condiciona a tener un 'yo' atractivo y constante en plataformas.
- Su cuerpo está siendo transformado radicalmente para encarnar a una boxeadora histórica, mientras simultáneamente intenta robarle horas a su agenda actoral para terminar el guion de su primera película.
- Su libro 'La otra bestia' y su obra teatral homónima exploran cómo lo salvaje se domestica para pertenecer, una obsesión que atraviesa toda su escritura y que ella misma reconoce como inevitable en su voz.
- Ha cargado con el dolor de no sentirse siempre acogida por otras mujeres, pero la cocreación de 'Cardo' con Claudia Costafreda reparó esa herida y forjó una alianza creativa y personal que define su carrera.
- Para Rujas, el riesgo no es una opción estética sino una condición: si no se pone 'entre las cuerdas', algo esencial no ocurre, ni en la actuación ni en la escritura.
Ana Rujas encarna una figura creativa que se niega a reducirse a una identidad consumible: actriz que transforma su cuerpo para dar vida a la primera boxeadora española campeona mundial, escritora que explora la domesticación de lo salvaje, y guionista que busca momentos robados para construir su primera película. En un tiempo que exige perfiles atractivos como condición de visibilidad, Rujas elige el riesgo como método y la ficción como territorio donde su pensamiento habita sin exponerse como individuo. Su trayectoria habla de algo más amplio: la tensión entre lo que somos y lo que se espera que seamos, resuelta no con respuestas, sino con historias.
Ana Rujas lleva consigo una densidad reflexiva que impregna todo lo que toca. Ahora mismo está inmersa en una doble exigencia: transformar su cuerpo para encarnar a la primera boxeadora española en ganar un campeonato mundial —en una serie dirigida por María Cantuel y producida por Kubik Films— y avanzar, en los márgenes de ese trabajo, en el guion de su primera película.
Es también escritora. Su libro 'La otra bestia', convertido luego en obra teatral en Nave 10 Matadero, nació de una pregunta sobre cómo los cuerpos poderosos son domesticados para encajar en una comunidad. El prefacio declara que no le parece interesante escribir sobre uno mismo, y no lo dice como provocación: hay algo que le resulta casi violento en la obligación de construir una representación estable del yo. Una cita de Simone Weil abre el libro: 'Cada ser grita en silencio, queriendo ser leído de otra manera'.
Lo que más la inquieta del presente es la presión de que la obra creativa vaya acompañada de un perfil consumible. 'Parece que para que te den un lugar, tienes que haber creado una identidad tuya que sea atractiva', dice. Esa exigencia le ha generado ansiedad. Prefiere que su pensamiento se traduzca en ficciones, no en opiniones expuestas como individuo público.
En su escritura conviven lo carnal y lo crítico, la ironía y la localización innegable de lo vivido. Al final de su libro yuxtapone a su padre pelando tomates con cuidado y a Michi Panero, cuyo mérito es sentirse autorizado a usar la palabra. En esa imagen emerge su voz. Y reconoce que no puede evitarlo: 'No se puede evitar determinada manera de contar'.
Tomar riesgos es para ella una condición, no una elección. Si no se pone 'entre las cuerdas', algo no ocurre. En la actuación, cree en traer la acción al cuerpo entero como acto de generosidad: ceder espacio del yo para habitar otras vidas.
Una experiencia decisiva fue la cocreación de la serie 'Cardo' con la guionista Claudia Costafreda. Esa alianza reparó un dolor íntimo: el de no siempre haber encontrado acogida entre otras mujeres. 'He tenido mucho dolor con eso', admite. Claudia fue la primera en leer su guion, la primera a quien llama cuando le dan o le niegan un papel. 'Es una persona fundamental en mi carrera y en mi vida'.
Ana Rujas lleva consigo una densidad reflexiva que marca el ritmo de cualquier conversación. Estos días está inmersa en la preparación de un papel que exige una transformación corporal radical: encarnar a la primera boxeadora española en ganar un campeonato mundial. La serie, dirigida por María Cantuel y producida por Kubik Films, la mantiene en un estado de concentración que convive con otro proyecto que la ocupa igual o más: el guion de su primera película, un trabajo que reclama momentos robados entre sus compromisos como actriz.
Rujas es también autora. Su libro "La otra bestia" nació de una pregunta sobre la potencia arrebatadora de ciertos cuerpos y los procesos de domesticación que atraviesan para formar parte de una comunidad. El libro se convirtió después en una obra teatral estrenada en Nave 10 Matadero bajo el mismo título. Ambos trabajos comparten una obsesión: cómo se domestica lo salvaje, cómo se negocia entre lo que somos y lo que se espera que seamos. El prefacio del libro abre con una afirmación que revela su postura: "no es interesante escribir sobre uno mismo". No lo dice como provocación. Hay algo que le parece violento, casi sacrificial, en la obligación de buscar una representación estable de una idea de yo.
Lo que la inquieta ahora es la exigencia contemporánea de que la obra creativa vaya acompañada de un perfil consumible, un yo que funcione en redes sociales, en podcasts, en cualquier plataforma donde la voz pueda ser amplificada. "Parece que para que te den un lugar, tienes que haber creado una identidad tuya que sea atractiva. Y entonces te dan el altavoz. A mí esto me ha llegado a dar mucha ansiedad", dice. No se siente cómoda compartiendo opiniones constantemente en redes. Prefiere crear ficciones que no tengan que ver tanto con lo que ella piensa como actriz o como personaje público. Lo que le interesa es cómo su pensamiento se traduce a nivel creativo, no cómo se expone como individuo.
Su libro abre con una cita de Simone Weil que condensa esta tensión: "Cada ser grita en silencio, queriendo ser leído de otra manera". Rujas desarrolla su escritura desde lo carnal y lo explícito, pero realiza un giro crítico simultáneo, movilizando una ironía que habla de la imposibilidad de distanciarse cuando nos toca la necesidad, la desigualdad, la violencia o el amor. En el final de su libro, pone a conversar a su padre pelando tomates con bondad y cuidado, y a Michi Panero, cuyo mérito es poco más que sentirse autorizado a usar la palabra. Es en esa yuxtaposición donde emerge su voz: la que surge de la localización innegable de lo vivido, que estalla con honestidad aunque luego se desvíe de sí misma.
Esta manera de contar es inevitable en ella. "Mi película también va a tener algo de eso. No lo puedo evitar. No se puede evitar determinada manera de contar", reconoce. Ha estado trabajando en su primer largometraje durante los últimos años, buscando momentos entre su labor actoral para conseguir la conexión que requiere la escritura de guion. Esa búsqueda la ha llevado a reflexionar sobre la necesidad de tomar riesgos. "Yo siento que, si no me arriesgo en algo, no funcionará. Como si no me pongo un poco yo entre las cuerdas, digamos, algo no va a ocurrir. Eso me pasa tanto a la hora de actuar como a la hora de escribir". En la actuación, cree en la importancia de traer la acción al cuerpo para que sea el ser completo, con toda su profundidad, quien se desarrolle. Lo ve como un acto de generosidad: desocuparse, ceder espacio del yo para poder ser con las historias de otras vidas.
Su carrera se ha desarrollado también a través de colaboraciones con otras creadoras. Una experiencia fundamental fue la cocreación de la serie "Cardo" con la guionista Claudia Costafreda. Esa afinidad reparó un dolor íntimo: el sentimiento de no siempre haber sido acogida por otras mujeres. En su libro lo expresa a través de versos que preguntan si una mujer que desprecia a otra se siente poderosa en su corazón, o si se siente por dentro como una rata de alcantarilla. Rujas ha puesto mucha ilusión en los ojos de sus compañeras, buscando en ellas comunidad y reconocimiento. "He tenido mucho dolor con eso", admite. "Yo sentía que el apoyo que más necesitaba era el femenino, pero no siempre ha tenido lugar". Luego llegaron experiencias increíbles con mujeres como Claudia, quien fue la primera en leer su guion, la primera a la que llama cuando le dan o le niegan un papel. "Ha sido mi compañera y lo seguirá siendo. Ha sido muy bonito el proceso y aprender la una de la otra. Es una persona fundamental en mi carrera y en mi vida".
Citazioni salienti
Parece que para que te den un lugar, tienes que haber creado una identidad tuya que sea atractiva. Y entonces te dan el altavoz. A mí esto me ha llegado a dar mucha ansiedad.— Ana Rujas, sobre la presión de construir un perfil consumible en redes sociales
Claudia fue la primera persona que leyó mi guion, la primera a la que llamo cuando me dan un papel o no me lo dan. Ha sido mi compañera y lo seguirá siendo. Es una persona fundamental en mi carrera y en mi vida.— Ana Rujas, sobre su colaboradora Claudia Costafreda