A finales de junio de 2026, América Latina y el Caribe cruzó un umbral histórico: más de un millón de vehículos eléctricos e híbridos enchufables recorren ya sus carreteras, generando ahorros equivalentes a cuatro millones de dólares diarios. Lo que parecía una promesa distante se ha convertido en una realidad medible, impulsada por Brasil y secundada por economías de distintos tamaños a lo largo del continente. La región no solo cuenta vehículos; está redibujando su relación con la energía, el aire y el futuro del movimiento colectivo.