En un momento en que la inteligencia artificial redefine tanto las amenazas como las defensas, las corporaciones han dejado de deliberar para comenzar a comprometer: los presupuestos de seguridad de identidad se expanden a ritmo acelerado, con compromisos que superan los 4.86 mil millones de dólares en obligaciones pendientes. Lo que antes era una preocupación técnica periférica se ha convertido en un factor determinante de la estrategia empresarial, revelando que el riesgo digital ya no puede separarse del riesgo de negocio. El mercado, sin embargo, navega una tensión clásica: la inversión co