Almeida (MFS): la IA transformará ciclos, pero muchas empresas cederán ante competencia

Muchas empresas cederán ganancias a nuevos competidores impulsados por la IA
Almeida advierte que aunque la IA impulsa productividad, la competencia erosionará los beneficios extraordinarios que hoy disfrutan las grandes tecnológicas.
Mark

¿Entonces Almeida cree que la IA es real pero que el mercado ya ha descontado la mayor parte del beneficio?

Mimi

Exactamente. No niega que la IA transforme la economía y la productividad. Lo que dice es que las valoraciones actuales ya reflejan esas mejoras. El riesgo está en que la competencia erosione los márgenes cuando esa infraestructura esté completa.

Luke

Pero ¿cuándo exactamente? Dice "probablemente entre 2027 y 2028", pero eso es una estimación. ¿Tiene datos sobre cuándo se completará realmente esa inversión en infraestructuras?

Mimi

No, es su evaluación basada en ciclos históricos. Reconoce que los mercados anticipan cambios antes de que sean visibles en la economía real.

Mark

¿Y por qué confía en que Microsoft, Google y Amazon mantendrán sus ventajas competitivas si dice que la competencia erosionará márgenes?

Mimi

Porque sus barreras de entrada son más altas. La infraestructura de computación en la nube es costosa y compleja de replicar. El hardware de IA es más vulnerable a la competencia.

Luke

Eso tiene sentido, pero ¿cuánta exposición tiene MFS en esos tres frente a Nvidia? Dice "inferior a la del índice" en hardware, pero no da números. ¿Eso significa que aún cree que hay valor en Nvidia a pesar del riesgo?

Mimi

Parece que sí, pero con cautela. Mantiene posiciones pero reconoce que la rentabilidad del hardware podría sufrir.

Mark

¿Y su argumento sobre los bancos centrales? ¿Realmente tienen tan poca influencia?

Mimi

Dice que responden a la oferta y demanda de capital más que lo contrario. Desde 2022, hay más demanda que oferta, lo que ha elevado los tipos naturalmente.

Luke

Eso es discutible. Los bancos centrales han subido tipos agresivamente. Decir que simplemente "responden" a la demanda es simplificar. Pero su punto sobre el coste del capital siendo más alto es verificable.

Mark

¿Dónde ve el mayor riesgo entonces?

Mimi

En que los márgenes empresariales no puedan mantenerse en los niveles actuales cuando la competencia aumente y los costes sigan subiendo. Es un riesgo de beneficios, no de tecnología.

  • Las valoraciones del S&P 500 ofrecen a los inversores una compensación adicional casi nula frente a la deuda pública, una señal de tensión que Almeida considera difícil de justificar.
  • El superciclo de inversión en IA exige infraestructura física masiva —centros de datos, energía, cobre— sobre una economía que no estaba preparada para absorber esa demanda, generando presiones inflacionistas.
  • Cuando la oleada de inversión en infraestructuras se complete, hacia 2027-2028, nuevos competidores impulsados por la IA erosionarán los márgenes de las empresas que hoy parecen imbatibles.
  • MFS mantiene posiciones en Microsoft, Google, Amazon y Nvidia, pero reduce exposición en hardware donde la competencia y el exceso de capacidad amenazan la rentabilidad.
  • Las mejores oportunidades, según Almeida, se encuentran fuera de Estados Unidos, en compañías con ventajas competitivas duraderas y baja dependencia del ciclo económico.

Desde Boston, Rob Almeida de MFS Investment Management contempla el auge de la inteligencia artificial no como una promesa incumplida, sino como una promesa que el mercado ya ha cobrado por adelantado. La historia de las grandes transformaciones tecnológicas enseña que la productividad se democratiza y los márgenes se comprimen cuando la competencia alcanza a los pioneros. El verdadero riesgo no es que la IA decepcione al mundo, sino que las expectativas de beneficios hayan corrido demasiado lejos delante de la realidad que llegará entre 2027 y 2028.

Rob Almeida, gestor estratégico global de MFS Investment Management, no niega el poder transformador de la inteligencia artificial, pero advierte que los mercados han comenzado a descontar sus beneficios antes de que estos se materialicen plenamente. Desde su perspectiva en Boston, la IA no es solo un fenómeno digital: requiere centros de datos, redes eléctricas, cobre y energía en cantidades que la economía actual no estaba preparada para suministrar. Esa tensión entre demanda extraordinaria y oferta limitada, combinada con la relocalización de cadenas de suministro y un entorno geopolítico más complejo, configura lo que Almeida llama un superciclo de inversión con consecuencias inflacionistas.

El problema central no es que la IA fracase, sino que las expectativas de beneficios sean demasiado optimistas. Históricamente, cuando una tecnología impulsa la productividad, los beneficios extraordinarios se erosionan porque emergen nuevos competidores. Las valoraciones actuales ya reflejan buena parte de las mejoras de productividad esperadas, pero infravaloran la presión competitiva que llegará cuando la inversión en infraestructuras se complete, probablemente entre 2027 y 2028. La rentabilidad por beneficios del S&P 500 apenas supera la de la deuda pública, lo que significa que los inversores reciben poca compensación adicional por asumir el riesgo de la renta variable.

Almeida también cuestiona la narrativa dominante sobre los bancos centrales: los tipos de interés responden más a la oferta y la demanda de capital que a las decisiones de política monetaria. En la década de 2010 abundaba el capital y escaseaba la demanda; desde 2022 ocurre lo contrario, y ese entorno de mayor coste del capital favorece a los negocios capaces de crecer de forma sostenible sin depender de la deuda.

En cuanto a posicionamiento, MFS —que gestiona 643.500 millones de dólares— mantiene exposición en Microsoft, Google, Amazon y Nvidia, convencido de que su infraestructura de computación en la nube constituye una ventaja competitiva sólida. Sin embargo, es más prudente en hardware, donde el aumento de capacidad podría presionar márgenes. Las mejores oportunidades, concluye Almeida, están fuera de Estados Unidos, en empresas con ingresos recurrentes y barreras de entrada difíciles de erosionar.

Rob Almeida, gestor estratégico global de MFS Investment Management, observa desde Boston una transformación económica sin precedentes impulsada por la inteligencia artificial, pero advierte que el mercado ha comenzado a descontar la mayor parte de sus beneficios mientras ignora un riesgo más profundo: la competencia feroz que erosionará los márgenes de las empresas que hoy dominan el sector.

La IA no es simplemente un fenómeno digital. Aunque vive en la nube, la nube descansa sobre tierra firme: requiere centros de datos masivos, redes eléctricas robustas, cobre, energía abundante y trabajadores especializados. Este cambio de ciclo es radical. Durante una década, las corporaciones canalizaron capital hacia recompras de acciones, dividendos y fusiones. Ahora entran en lo que Almeida describe como un superciclo de inversión. Las empresas gastan cantidades extraordinarias en infraestructura de IA, lo que impulsa el crecimiento económico pero también genera presiones inflacionistas. El problema es que esta transformación coincide con la relocalización de cadenas de suministro y un entorno geopolítico más complejo, creando una tormenta de demanda sobre una economía que no estaba preparada para satisfacerla.

Los mercados asumen que la IA disparará la productividad y los beneficios empresariales. Almeida no discute que eso ocurra, pero sostiene que las valoraciones actuales ya reflejan buena parte de esas mejoras. Lo que el mercado infravalora es la competencia que surgirá. Históricamente, cuando una nueva tecnología impulsa la productividad, los beneficios extraordinarios se erosionan porque emergen nuevos competidores. Muchas empresas que hoy disfrutan de un crecimiento excepcional cederán parte de esas ganancias a nuevos actores impulsados por la IA. El riesgo principal no es que la IA fracase, sino que las expectativas de beneficios resulten demasiado optimistas.

La comparación con la burbuja puntocom es inevitable pero imperfecta. Las grandes firmas ligadas a la IA son hoy negocios rentables con ingresos, beneficios y flujo de caja. Sin embargo, las valoraciones son exigentes. La rentabilidad por beneficios del S&P 500 es similar a la de la deuda pública estadounidense, lo que significa que los inversores apenas reciben compensación adicional por asumir el riesgo superior de la bolsa. Considerando que la volatilidad de las acciones supera ampliamente la de los bonos, las valoraciones parecen desafiantes desde cualquier ángulo.

Almeida identifica el verdadero peligro en los márgenes empresariales. Con el aumento de los costes de financiación, energía y mano de obra, proteger esos márgenes será cada vez más difícil. Históricamente, los márgenes regresan a la media cuando aumenta la competencia, y hoy los beneficios siguen en niveles excepcionalmente altos. Ese es el principal riesgo para los mercados. El crecimiento económico probablemente seguirá siendo sólido porque empresas y consumidores continúan gastando, pero la pregunta crítica es qué ocurrirá con los beneficios empresariales. A medida que se complete la inversión en infraestructuras de IA, probablemente entre 2027 y 2028, aumentará la competencia y crecerá la presión sobre los márgenes. Los mercados suelen anticipar esos cambios antes de que sean visibles en la economía real, y Almeida cree que ese momento de descuento no está tan lejos.

Sobre los tipos de interés, Almeida cuestiona la narrativa dominante. Se habla demasiado de los bancos centrales y se les atribuye más influencia de la que realmente tienen. Los tipos importan porque determinan el coste del capital, pero responden sobre todo a la oferta y la demanda de capital en la economía. En la década de 2010 hubo mucha oferta de capital y poca demanda. Desde 2022 ocurre lo contrario: consumidores, bancos y empresas gastan e invierten más, elevando la demanda de capital y los tipos. El entorno de mayor coste del capital obliga a las empresas a ser más selectivas en sus inversiones, dificulta impulsar beneficios mediante deuda o recompras, y favorece a los negocios capaces de crecer de forma sostenible.

Para las oportunidades de inversión, Almeida ve el mayor potencial fuera de Estados Unidos, donde las valoraciones son más atractivas y las expectativas menos exigentes. Busca compañías capaces de aumentar beneficios de forma sostenida con baja dependencia del ciclo económico: empresas con ventajas competitivas difíciles de replicar e ingresos recurrentes. En tecnología, MFS Investment Management, que gestiona 643.500 millones de dólares en activos, mantiene exposición principal en los grandes proveedores de servicios en la nube: Microsoft, Google y Amazon. Cree que cuentan con ventajas competitivas sólidas porque su infraestructura de computación y almacenamiento es fundamental para la IA. También mantiene posiciones en Nvidia y algunas compañías ligadas al negocio de la memoria, aunque con exposición inferior a la del índice. En hardware, es más prudente porque la competencia y el aumento de capacidad podrían presionar la rentabilidad. Prefiere negocios con barreras de entrada más difíciles de erosionar, como la computación en la nube.

El verdadero desafío será justificar unas expectativas de beneficios extraordinariamente altas en un entorno de mayor competencia, costes crecientes y un mayor coste del capital
— Rob Almeida, MFS Investment Management
Históricamente, cuando una nueva tecnología impulsa la productividad, los beneficios extraordinarios tienden a reducirse porque surgen nuevos competidores
— Rob Almeida
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