Treinta y siete empresas ofrecieron once veces más potencia de la que el Gobierno esperaba
En el cruce entre la urgencia energética y el apetito inversor, Argentina descubrió que su llamado a modernizar la red eléctrica resonó once veces más fuerte de lo esperado. A mediados de junio, la licitación AlmaSADI reunió 232 proyectos de almacenamiento en baterías por más de 8.200 MW, cuando el objetivo era apenas 700. Lo que el Estado busca no es solo capacidad instalada, sino la flexibilidad que permite a una red envejecida absorber energías renovables, resistir picos de demanda y ofrecer a sus ciudadanos una electricidad más confiable y menos contaminante.
- Una red eléctrica con décadas de infrainversión enfrenta una demanda creciente que ya no puede ignorarse: los cortes y la fragilidad estructural son el telón de fondo urgente de esta licitación.
- El mercado respondió con una intensidad que sorprendió al propio Gobierno: 37 empresas presentaron 232 proyectos valuados en u$s8.200 millones, once veces la capacidad licitada.
- Las regiones más vulnerables —NEA, Litoral y noroeste— concentran la mayor cantidad de propuestas, revelando dónde el sector privado ve tanto necesidad como oportunidad.
- CAMMESA evalúa ahora cada oferta técnica y económicamente, con la adjudicación de los 700 MW prevista para los primeros días de julio de 2026.
- El cronograma exige que los proyectos adjudicados estén operando comercialmente antes del 31 de diciembre de 2029, con el cómputo contractual iniciando el 1° de enero de 2027.
Cuando el Gobierno abrió los sobres de la licitación AlmaSADI a mediados de junio, encontró un apetito privado que superaba todo cálculo previo. Treinta y siete empresas presentaron 232 proyectos de almacenamiento eléctrico por un total de 8.230 MW —once veces el objetivo inicial de 700 MW— con una inversión en juego de u$s8.200 millones.
Los proyectos se distribuyeron de manera desigual a lo largo del país, reflejando tanto las oportunidades de inversión como las debilidades estructurales de la red. Buenos Aires concentró 1.960 MW en 42 iniciativas; el corredor Chaco-Formosa recibió 62 propuestas por 1.790 MW; el Litoral sumó 1.525 MW en 48 proyectos. El precio promedio ponderado en toda la licitación fue de u$s10.568 por MW-mes.
Los sistemas BESS —baterías de última generación que almacenan electricidad y la liberan en segundos ante cambios en la demanda— son el corazón de la propuesta. No generan energía, pero la hacen más útil, más confiable y más limpia: integran renovables, reducen picos de consumo y ofrecen respaldo ante cortes en una red que acumula décadas de infrainversión.
El Gobierno distribuirá los 700 MW de forma estratégica, priorizando las zonas más frágiles: 250 MW para el noreste, 220 para el Litoral, 150 para Buenos Aires fuera del área metropolitana, 120 para el noroeste, 100 para la región Centro y 50 para La Pampa. Cada proyecto deberá garantizar provisión de energía durante al menos cuatro horas consecutivas.
Con la adjudicación programada para los primeros días de julio y la operación comercial exigida antes de fin de 2029, esta licitación representa una pieza central en el esfuerzo del Gobierno por modernizar una infraestructura que, durante décadas, no creció al ritmo que la demanda y la generación lo requerían.
Cuando el Gobierno abrió los sobres de la licitación AlmaSADI a mediados de junio, lo que encontró fue un apetito privado que superaba ampliamente sus expectativas. Treinta y siete empresas presentaron doscientos treinta y dos proyectos de almacenamiento eléctrico por un total de ocho mil doscientos treinta megavatios. El objetivo inicial había sido setecientos megavatios. La demanda era once veces mayor que lo planeado.
El dinero en juego alcanzaba los ocho mil doscientos millones de dólares. Los proyectos se distribuyeron de manera desigual a lo largo del país, reflejando tanto las oportunidades de inversión como las debilidades estructurales de la red eléctrica argentina. Buenos Aires concentró mil novecientos sesenta megavatios en cuarenta y dos iniciativas, con un precio ponderado de diez mil trescientos cuatro dólares por megavatio-mes. El corredor que une Chaco y Formosa en el noreste recibió sesenta y dos propuestas por mil setecientos noventa megavatios, a once mil ciento noventa y cuatro dólares por megavatio-mes. El Litoral, que incluye Entre Ríos y Santa Fe, sumó mil quinientos veinticinco megavatios en cuarenta y ocho proyectos. El noroeste presentó treinta y siete propuestas por mil cuatrocientos treinta y cinco megavatios. El precio promedio ponderado en toda la licitación fue de diez mil quinientos sesenta y ocho dólares por megavatio-mes.
Lo que estas empresas estaban ofreciendo instalar son sistemas conocidos como BESS, sigla en inglés para Battery Energy Storage System. Son baterías de última generación que almacenan electricidad y la liberan cuando se necesita, ya sea para alimentar hogares, negocios o la red eléctrica misma. Responden en cuestión de segundos ante cambios en la demanda. Permiten integrar energías renovables de manera más eficiente, reducen picos de consumo, proporcionan respaldo ante cortes y contribuyen a disminuir emisiones de carbono. En una red eléctrica que ha sufrido décadas de infrainversión, estos sistemas ofrecen una forma de ganar flexibilidad y seguridad sin construir nuevas plantas generadoras.
El Gobierno decidió distribuir los setecientos megavatios adjudicados de manera estratégica, concentrando más potencia donde la red es más frágil. El Litoral y el noreste argentino recibirán el sesenta y cinco por ciento del total: doscientos cincuenta megavatios en el noreste, doscientos veinte en el Litoral, ciento cincuenta en Buenos Aires fuera del área metropolitana, ciento veinte en el noroeste, cien en la región Centro y cincuenta en La Pampa. Cada proyecto deberá tener entre diez y ciento cincuenta megavatios de potencia, según el nodo de conexión, y las baterías deberán garantizar provisión de energía durante al menos cuatro horas consecutivas.
El cronograma es ambicioso. El primero de enero de dos mil veintisiete será la fecha en que comience el cómputo contractual. El treinta y uno de diciembre de dos mil veintinueve es el plazo máximo para que los proyectos adjudicados estén operando comercialmente. CAMMESA, la compañía administradora del mercado eléctrico mayorista, ahora evaluará técnica y económicamente cada propuesta. La adjudicación de los setecientos megavatios está programada para los primeros días de julio.
Esta licitación forma parte de un esfuerzo más amplio que el Gobierno impulsa desde dos mil veinticuatro para modernizar una infraestructura eléctrica que durante décadas no se expandió al ritmo que la demanda y la generación lo requerían. El objetivo es aliviar las restricciones del sistema, acompañar el crecimiento del consumo y crear las condiciones para que la red pueda integrar más energía renovable sin perder estabilidad. Los sistemas BESS son una pieza central de esa estrategia: no generan electricidad, pero la hacen más útil, más confiable y más limpia.
Notable Quotes
Los sistemas BESS son cruciales para la gestión eficiente de la energía, especialmente en la integración de energías renovables y la estabilización de redes eléctricas— Documentación de la licitación
El objetivo es avanzar en inversiones que permitan modernizar una red que durante las últimas décadas no tuvo la expansión necesaria— El Ejecutivo
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué el Gobierno esperaba setecientos megavatios y recibió ofertas por más de ocho mil?
Porque el sector privado ve una oportunidad real. La red eléctrica argentina tiene problemas estructurales que no se pueden resolver solo con más generación. Necesita flexibilidad, y las baterías la proporcionan. El precio que el Gobierno ofreció pagar debe haber sido atractivo.
¿Qué significa que el sesenta y cinco por ciento vaya al Litoral y al noreste?
Significa que esas regiones están en peor situación. No es que haya más demanda allí necesariamente, sino que la infraestructura es más débil, más vieja. Concentrar almacenamiento en esos lugares es una forma de reforzar los puntos más frágiles de la red.
¿Cuánto tiempo pasará hasta que alguien vea una batería BESS funcionando?
Si todo sale según el cronograma, los primeros proyectos deberían estar operando a finales de dos mil veintinueve. Pero eso es el plazo máximo. Algunos podrían estar listos antes.
¿Por qué cuatro horas de autonomía y no más?
Es un equilibrio. Más horas significaría baterías más grandes, más caras. Cuatro horas es suficiente para responder a variaciones de demanda y proporcionar respaldo en emergencias. No es para alimentar la ciudad toda la noche, sino para suavizar los picos y los valles.
¿Qué pasa si algunos proyectos no se terminan a tiempo?
Eso es lo que CAMMESA evaluará ahora. Algunos oferentes quizás no tengan la capacidad real de ejecutar. Por eso la evaluación técnica es crucial. No todos los doscientos treinta y dos proyectos se adjudicarán.