El corazón humano late en el cruce entre lo que heredamos y lo que elegimos. Aunque la genética y el tiempo escapan a nuestro control, la mesa sigue siendo un territorio de decisión cotidiana. Especialistas de la Universidad Andrés Bello recuerdan que las enfermedades cardiovasculares —primera causa de muerte en el mundo— son en gran medida prevenibles, y que el camino no pasa por la privación sino por la conciencia progresiva de lo que ponemos en el plato.
Alimentos a limitar para proteger la salud cardiovascular
La acumulación de estos alimentos puede aumentar significativamente el riesgo
¿Por qué el sodio es tan importante en esta conversación sobre el corazón?
Porque el sodio en exceso hace que los vasos sanguíneos se contraigan y la presión arterial suba. Es uno de los mecanismos más directos por los que la comida ultraprocesada daña el corazón. Menos de cinco gramos de sal al día es lo que el cuerpo necesita.
Pero la gente no come sal pura. ¿Dónde está realmente el sodio que nos mata?
En los lugares donde no lo ves. Un jamón, una lata de sopa, un snack salado: cada uno de esos productos tiene cantidades enormes de sodio agregado durante el procesamiento. Por eso leer etiquetas es tan importante.
¿Y si alguien ama los embutidos? ¿Tiene que dejarlos completamente?
No. La clave es la frecuencia. Comer jamón una vez a la semana es muy diferente a comerlo todos los días. El problema es la acumulación. Si reemplazas gradualmente con pollo o pescado, tu cuerpo lo agradece sin que sientas que estás en una dieta de castigo.
¿Qué pasa con las bebidas azucaradas? ¿Son peores que los alimentos sólidos?
Son particularmente peligrosas porque el azúcar líquido entra al torrente sanguíneo más rápido y no genera saciedad. Bebes una gaseosa sin sentir que comiste nada, pero tu cuerpo recibió el equivalente a varios cucharones de azúcar.
¿La dieta mediterránea es la solución definitiva?
Es la que más evidencia científica tiene detrás. Frutas, verduras, aceite de oliva, pescado, frutos secos. Pero lo importante es que sea sostenible. Una dieta perfecta que abandonas en tres meses no sirve. Lo que funciona es lo que puedes mantener de por vida.
Il Polso
- Los embutidos, las bebidas azucaradas y los ultraprocesados se han instalado en la dieta diaria de millones de personas, elevando silenciosamente el riesgo de hipertensión, diabetes tipo 2 y enfermedades coronarias.
- El peligro no reside en un alimento aislado sino en la acumulación y la frecuencia: lo que se repite cada día en el plato termina escribiendo la historia del corazón.
- Aprender a leer etiquetas nutricionales —identificando sodio, grasas trans y azúcares bajo sus múltiples nombres— se convierte en una herramienta concreta de defensa disponible en cualquier supermercado.
- La estrategia recomendada no es la prohibición sino el reemplazo gradual: pescado y legumbres en lugar de embutidos, agua e infusiones en lugar de gaseosas, horno o plancha en lugar de fritura.
- La dieta mediterránea, combinada con actividad física regular, sueño suficiente y moderación en el alcohol, emerge como el patrón con mayor respaldo científico para sostener la salud cardiovascular en el tiempo.
El corazón humano late en el cruce entre lo que heredamos y lo que elegimos. Aunque la genética y el tiempo escapan a nuestro control, la mesa sigue siendo un territorio de decisión cotidiana. Especialistas de la Universidad Andrés Bello recuerdan que las enfermedades cardiovasculares —primera causa de muerte en el mundo— son en gran medida prevenibles, y que el camino no pasa por la privación sino por la conciencia progresiva de lo que ponemos en el plato.
Las enfermedades del corazón encabezan las causas de muerte en el mundo, pero una parte significativa de ese riesgo puede modificarse. La edad y la genética son inamovibles; los hábitos alimentarios, no. Javiera Herrera, directora de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello en Viña del Mar, lo sintetiza con claridad: no existen alimentos prohibidos, pero sí productos cuyo consumo habitual eleva considerablemente las probabilidades de enfermedad cardiovascular.
Entre los más problemáticos figuran los embutidos y carnes procesadas —jamón, salame, longanizas, vienesas—, cargados de sodio y grasas saturadas. Las bebidas azucaradas, las hamburguesas, las pizzas, los snacks ultraprocesados y las salsas industriales completan un paisaje dietético que, repetido día tras día, favorece la hipertensión, las alteraciones del colesterol y el sobrepeso. El alcohol en exceso suma presión arterial elevada y triglicéridos fuera de rango.
Frente a esa realidad, leer etiquetas se convierte en un acto de cuidado personal. En Chile, los sellos de advertencia facilitan la identificación de productos críticos. Vale la pena revisar el sodio —la recomendación es menos de cinco gramos de sal diarios—, detectar grasas parcialmente hidrogenadas y reconocer los azúcares añadidos bajo sus distintos nombres: glucosa, fructosa, sacarosa, maltosa o jarabe de maíz. Una lista de ingredientes breve y reconocible suele ser señal de menor procesamiento.
Cuidar el corazón no exige sacrificar el sabor. Los embutidos pueden ceder su lugar al pescado, el pollo, los huevos o las legumbres. Las gaseosas pueden reemplazarse por agua, infusiones o aguas con fruta natural. Los frutos secos sin sal —unos 30 gramos diarios— contribuyen al control del colesterol. El aceite de oliva y la palta aportan grasas saludables; el horno, la plancha y el vapor sustituyen con ventaja a la fritura. Incluso el chocolate tiene cabida si supera el 70% de cacao y carece de azúcares añadidos.
El horizonte que propone la evidencia científica es la dieta mediterránea: frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva, frutos secos y pescado como columna vertebral. A eso se suman actividad física regular, sueño reparador y alejamiento del tabaco. El cambio no es una ruptura abrupta sino un reemplazo gradual que, con el tiempo, se vuelve la forma natural de vivir.
Las enfermedades del corazón siguen siendo una de las principales causas de muerte en el mundo, pero buena parte de ese riesgo no está escrito en piedra. Mientras que la edad y la genética no pueden cambiarse, los hábitos alimentarios sí. Y es precisamente ahí donde radica la oportunidad: en las decisiones que tomamos cada día en la mesa.
Embutidos, bebidas azucaradas, comida rápida y productos ultraprocesados forman parte de la dieta habitual de muchas personas, pero su consumo frecuente se asocia con un aumento significativo en el riesgo de hipertensión, alteraciones del colesterol, diabetes tipo 2 y otras enfermedades cardiovasculares. El problema no está necesariamente en un alimento aislado, sino en la frecuencia y la cantidad con que estos productos se repiten en la alimentación cotidiana. Según Javiera Herrera, directora de la carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello en Viña del Mar, no existen alimentos prohibidos, pero sí productos cuyo consumo habitual se vincula con un mayor riesgo cardiovascular. La acumulación de estos alimentos en la dieta diaria puede aumentar considerablemente las probabilidades de enfermedad del corazón.
Entre los productos que los especialistas recomiendan consumir con moderación están los embutidos y carnes procesadas: jamón, salame, longanizas y vienesas aportan cantidades elevadas de sodio y grasas saturadas, además de otros ingredientes utilizados durante su procesamiento. Las bebidas azucaradas —gaseosas, jugos industrializados y bebidas energéticas— también merecen atención, ya que su consumo frecuente aumenta el aporte de azúcar y favorece el sobrepeso y alteraciones metabólicas. A esta lista se suman hamburguesas, pizzas, papas fritas, pastelería industrial, snacks ultraprocesados, frituras, salsas industriales, quesos altos en grasa y carnes grasas. El exceso de sodio favorece la hipertensión arterial, mientras que las grasas saturadas y trans se asocian con alteraciones del perfil lipídico y un mayor riesgo cardiovascular. Herrera también advierte sobre el consumo excesivo de alcohol, que puede contribuir al aumento de la presión arterial y de los triglicéridos.
Frente a la variedad de productos disponibles, aprender a leer las etiquetas nutricionales permite comparar alternativas y tomar decisiones más informadas. Uno de los primeros elementos a revisar es el contenido de sodio. En Chile, los sellos de advertencia permiten identificar productos que presentan cantidades elevadas de nutrientes críticos. La recomendación general es consumir menos de cinco gramos de sal al día. También es importante revisar la cantidad de grasas saturadas y verificar la presencia de grasas parcialmente hidrogenadas, que constituyen una fuente de grasas trans industriales. En el caso de los azúcares añadidos, estos pueden aparecer bajo distintas denominaciones: glucosa, fructosa, sacarosa, maltosa o jarabe de maíz. Comparar productos similares antes de comprarlos puede generar un impacto importante cuando el consumo es habitual. Otra recomendación práctica es observar la lista de ingredientes: una lista breve con ingredientes fáciles de reconocer puede ser una señal de que se trata de un producto menos procesado.
Cuidar el corazón no significa eliminar el sabor ni seguir dietas restrictivas. La clave está en reemplazar progresivamente algunos productos por alternativas con mejor perfil nutricional. Los embutidos pueden sustituirse por fuentes de proteínas como pescado, pollo, pavo, huevos y legumbres. En lugar de bebidas azucaradas, se puede optar por agua, infusiones o aguas saborizadas naturalmente con frutas. Para las colaciones, las alternativas incluyen frutas frescas, yogur natural y frutos secos sin sal. Los frutos secos y las semillas aportan grasas saludables, y un consumo aproximado de 30 gramos diarios puede contribuir al control del colesterol y a la reducción del riesgo de enfermedades coronarias. La forma de preparación también importa: en lugar de recurrir habitualmente a las frituras, es mejor preferir horno, plancha, vapor o freidora de aire. Para incorporar grasas saludables, se recomienda utilizar aceite de oliva, palta y frutos secos. En cuanto a los alimentos dulces, el chocolate puede formar parte de una alimentación equilibrada cuando se consume con moderación, preferiblemente opciones con al menos 70% de cacao y sin azúcares añadidos.
Más que eliminar alimentos o seguir dietas de moda, la recomendación es construir hábitos de alimentación saludables y sostenibles en el tiempo. La evidencia científica respalda especialmente la dieta mediterránea, caracterizada por un alto consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva, frutos secos y pescado. A esta alimentación se suman otros factores que también contribuyen al cuidado cardiovascular: realizar actividad física regularmente, dormir adecuadamente, evitar el tabaco y moderar el consumo de alcohol. El cambio no es abrupto ni restrictivo; es un proceso de reemplazo gradual que, con el tiempo, se convierte en la forma natural de alimentarse.
Citazioni salienti
No existen alimentos prohibidos, pero sí productos cuyo consumo frecuente se asocia con un mayor riesgo de hipertensión, inflamación, alteraciones del colesterol y aterosclerosis— Javiera Herrera, directora de Nutrición y Dietética de la UNAB
La evidencia científica respalda especialmente la dieta mediterránea, caracterizada por un alto consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva, frutos secos y pescado— Javiera Herrera