En el fútbol, como en la vida, la entrada de un solo jugador puede reescribir el destino de un encuentro. Alexis Sánchez pisó el césped del estadio de Los Ángeles en el minuto 62 de un partido que el CF Montréal parecía perder, y con apenas un pase de cucharita encendió la chispa que derivó en el gol del empate ante LA Galaxy. El resultado final, 2-2, es también el retrato de una noche en que la adversidad —una expulsión rival, un marcador en contra— se convirtió en oportunidad.