En los pasillos de un tribunal federal en Miami, un hombre que alguna vez movió millones en las sombras del poder venezolano eligió cambiar su silencio por cooperación. Alex Saab, empresario colombiano señalado como presunto testaferro de Nicolás Maduro, se declaró culpable de conspiración por lavado de dinero y acordó entregar 195 millones de dólares a las autoridades estadounidenses. Su giro legal no es solo un acto jurídico: es una grieta en la arquitectura de corrupción que sostuvo a un régimen, y una señal de que los equilibrios políticos en Venezuela han comenzado a desmoronarse.