En la intersección entre la curiosidad humana y la vulnerabilidad tecnológica, un objeto tan cotidiano como un cable USB puede convertirse en una puerta de entrada silenciosa hacia nuestra vida privada. Especialistas en ciberseguridad advierten que los cables encontrados en la vía pública pueden albergar componentes electrónicos ocultos —keyloggers, antenas inalámbricas, microcontroladores— capaces de extraer contraseñas, mensajes y datos personales sin dejar rastro visible. Lo que parece un hallazgo afortunado puede ser, en realidad, una trampa diseñada con precisión. La prudencia, en este ca