Alemania propone ampliar poderes de servicios secretos tras atentado del Orgullo

Una mujer murió y 31 personas resultaron heridas en el atentado del Orgullo de Berlín del 25 de julio; además, 132 mujeres fueron asesinadas por violencia machista en 2024 en Alemania.
Una caja negra a la que no se pueden pedir responsabilidades tan fácilmente
Crítica de un periodista sobre cómo los servicios secretos operarían sin control democrático bajo la nueva reforma.
Mark

¿Por qué el Gobierno alemán necesita darle a los servicios secretos funciones policiales si ya están vigilando a personas como Abdul B.?

Mimi

Esa es la pregunta que nadie quiere responder. Los servicios ya lo estaban monitoreando durante años. Lo que quieren ahora es poder actuar sin las restricciones que la democracia impone a la policía.

Mark

¿Y eso qué significa en la práctica?

Mimi

Significa entrar en casas sin orden judicial, instalar software espía en ordenadores, crear perfiles con inteligencia artificial. Todo sin el control democrático que existe para la policía. Es la diferencia entre una institución que rinde cuentas y una caja negra.

Mark

Pero el Gobierno dice que es para combatir nuevas amenazas, especialmente rusas.

Mimi

Sí, pero mira los números. En 2024, 132 mujeres murieron por violencia machista en Alemania. El terrorismo islamista mató a cuatro personas. ¿Dónde está la reforma para proteger a las mujeres?

Mark

Entonces, ¿crees que el atentado fue solo un pretexto?

Mimi

No solo creo que fue un pretexto. Es un patrón. Después de cada atentado, aparece una reforma que endurece medidas. Es cómo se normalizan las excepciones.

Mark

¿Y qué pasó con la lección de la historia alemana?

Mimi

Eso es lo más preocupante. Alemania aprendió de la Gestapo que separar policía e inteligencia era fundamental. Ahora lo están desmontando deliberadamente.

  • Atentado del Orgullo en Berlín, 25 de julio: 1 muerta, 31 heridos
  • 132 mujeres asesinadas por violencia machista en 2024 vs. 4 muertes por terrorismo islamista
  • Reforma otorgaría a servicios secretos funciones policiales ejecutoras sin orden judicial
  • Desmantelamiento del comisionado de libertad de información, reduciendo transparencia

Los servicios secretos alemanes obtendrían una "licencia para matar" y capacidad de aplicar fuerza sin control democrático previo, eliminando la histórica separación entre policía e inteligencia. Las reformas incluyen vigilancia mediante IA, reconocimiento biométrico y desmantelamiento del comisionado de libertad de información, reduciendo la transparencia y rendición de cuentas.

El Gobierno alemán propone reformas legislativas que otorgarían a los servicios secretos funciones policiales ejecutoras, incluyendo entrada a domicilios sin orden judicial y vigilancia mediante troyanos informáticos, bajo el pretexto de combatir amenazas tras el atentado de Berlín.

El 25 de julio, un hombre arrolló con un vehículo a la multitud que celebraba el Orgullo en el parque Tiergarten de Berlín, dejando una muerta y 31 heridos. Luego atacó a varias personas con un machete. Abdul B., de 21 años, el principal sospechoso, murió al día siguiente durante una operación policial. Lo que sucedió después es tan predecible como inquietante: el Gobierno de coalición de Friedrich Merz anunció de inmediato un paquete legislativo que promete más seguridad a cambio de menos libertades, utilizando el atentado como justificación para ampliar poderes que los servicios secretos alemanes nunca antes habían tenido.

La reforma más controvertida otorgaría a dos organismos de inteligencia—el Servicio Federal de Inteligencia (Bundesnachrichtendienst) y la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (Bundesamt für Verfassungsschutz)—lo que se ha denominado coloquialmente una "licencia para matar". Hasta ahora, estos servicios se limitaban a recopilar información. Con la reforma, podrían ejercer funciones policiales ejecutoras, aplicando fuerza cuando consideren que es necesario para evitar peligros al Estado. La redacción del borrador es deliberadamente vaga, dejando espacio para interpretaciones amplias en un asunto tan delicado. El periodista Ronen Steinke, del Süddeutsche Zeitung, criticó en televisión que los servicios secretos podrían entrar en domicilios sin orden judicial y asumir funciones policiales de forma consciente. "La diferencia es que la policía está sujeta a control democrático, mientras que el servicio secreto es una especie de caja negra a la que no se pueden pedir responsabilidades tan fácilmente", señaló.

La reforma también permitiría la vigilancia de personas catalogadas como "extremistas" mediante la instalación de troyanos informáticos en sus ordenadores cuando no están en casa. Además, el Gobierno planea desmantelar la figura del comisionado encargado de velar por el derecho a la libertad de prensa, reduciendo significativamente la transparencia y la rendición de cuentas. Ciudadanos, periodistas y representantes políticos perderían un recurso clave para exigir acceso a información pública. La reforma también contempla la creación de perfiles mediante inteligencia artificial, análisis del comportamiento y reconocimiento biométrico, amenazando la libertad digital.

La oposición ha señalado que estas medidas erosionan una lección fundamental aprendida de los crímenes del nacionalsocialismo: la separación histórica entre policía e inteligencia. Clara Bünger, abogada y portavoz de Política Interior de Die Linke, advirtió que el Gobierno federal abandona una enseñanza fundamental de los errores del pasado. "Solo para poder competir por fin con aquellos servicios de inteligencia que llevan décadas causando grandes daños en todo el mundo con métodos sucios", afirmó.

El ministro de Interior, Alexander Dobrindt, también propone extender el uso de tobilleras electrónicas y ampliar la detención preventiva. En Berlín, la retención máxima es actualmente de diez días; en Baviera, tras una reforma reciente, alcanza dos meses. Dobrindt quiere endurecer la legislación para castigar con al menos cinco años de prisión lo que se considere apoyo a una organización terrorista, una formulación tan amplia que ha permitido procesar a activistas propalestinos por consignas como "From the river to the sea, Palestina will be free", que los jueces han interpretado como apoyo a Hamás.

Lo que resulta particularmente revelador es cómo el Gobierno utiliza el miedo al islamismo para justificar estas medidas, mientras ignora amenazas estadísticamente más graves. En 2024, 132 mujeres fueron asesinadas por violencia machista en Alemania, mientras que el terrorismo islamista acabó con la vida de cuatro personas. Sin embargo, la atención mediática y política es desproporcionada. El atentado del Orgullo, que afectó a una comunidad LGTBIQ+, debería haber puesto de relieve que la mayor amenaza para la seguridad de mujeres y personas LGTBIQ+ proviene de hombres machistas, no de extremistas islamistas. Aún así, el Gobierno enfatiza la amenaza islamista mientras mantiene un silencio casi total sobre la violencia de género.

Lo más inquietante es que Abdul B. ya había sido identificado como potencialmente peligroso, condenado por intentos de vinculación con grupos armados islamistas, y vigilado por los servicios de inteligencia durante años. Incluso había sido grabado poco antes del atentado. Esto plantea una pregunta incómoda: ¿realmente necesitaban los servicios secretos más poder para prevenir este ataque, o simplemente no utilizaron adecuadamente las herramientas que ya tenían? El patrón se repite. Después del atentado navideño de 2016 en Breitscheidplatz, cuando Anis Amri mató a trece personas, el Gobierno también impulsó un endurecimiento de medidas de seguridad. Ahora, una década después, vuelve a ocurrir lo mismo.

Bünger ha rechazado estas reformas, señalando que ni siquiera está claro si los mecanismos existentes se utilizaron en el caso del atentado del Orgullo. Lo que está claro es que el Gobierno está normalizando la excepción, convirtiendo medidas de emergencia en la norma. En una atmósfera de miedo—donde aparecen no solo islamistas, sino también refugiados y rusos—es fácil justificar la erosión de derechos fundamentales. Pero una vez que se ceden estas libertades, raramente se recuperan.

La policía está sujeta a control democrático, mientras que el servicio secreto es una especie de caja negra a la que no se pueden pedir responsabilidades tan fácilmente
— Ronen Steinke, periodista del Süddeutsche Zeitung
El Gobierno federal abandona una enseñanza fundamental de los crímenes del nacionalsocialismo, solo para poder competir por fin con aquellos servicios de inteligencia que llevan décadas causando grandes daños en todo el mundo con métodos sucios
— Clara Bünger, portavoz de Política Interior de Die Linke
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