En el corazón industrial de Europa, Alemania se enfrenta a una serie de ataques contra sus subestaciones eléctricas que trascienden el daño material para convertirse en un símbolo de la fragilidad de las sociedades modernas ante las amenazas híbridas. Las autoridades investigan si estos incidentes con explosivos responden a una coordinación deliberada, mientras Vladimir Putin acusa a Berlín de manipular las pruebas, añadiendo una capa de guerra informativa a la crisis física. Lo que está en juego no es solo el suministro de energía, sino la capacidad de las democracias occidentales para proteg