En el corazón de la transición energética europea, Alemania ha decidido abandonar la obligación de electrificar la calefacción residencial, apostando en cambio por la neutralidad tecnológica y la incorporación progresiva de biometano en sus más de veinte millones de sistemas de gas existentes. El Gobierno de Friedrich Merz no renuncia a la neutralidad climática en 2045, sino que cambia el camino: en lugar de imponer una tecnología, fija el destino y deja que las soluciones compitan. Este giro abre una fractura filosófica dentro de Europa sobre si la descarbonización debe seguir un único carril