En las canchas de Nueva York, Carlos Alcaraz confirmó una vez más que el talento, cuando se asienta sobre la disciplina, puede convertir la tensión en dominio. El tenista murciano derrotó a Yibing Wu en tres sets —6-3, 6-4, 6-1— para avanzar a los octavos de final del US Open, un torneo que sigue siendo escenario de su maduración como competidor de élite. Más allá del marcador, el partido narró una historia familiar: la de un joven que aprende a transformar los nervios en combustible.