En el debate sobre el rumbo del gobierno de José Antonio Kast, el sociólogo Alberto Mayol ofrece una advertencia que trasciende la coyuntura: las reformas constitucionales impulsadas bajo el nombre de la seguridad no combaten las raíces del crimen organizado, sino que erosionan, paso a paso, los límites que las instituciones imponen al poder político. No es autoritarismo declarado, sino algo más silencioso —el iliberalismo—, que avanza precisamente porque lleva el respaldo popular como escudo. La paradoja que Mayol ilumina es antigua y perturbadora: cuanto más desconfía la ciudadanía del siste