En Albacete, el Hospital Universitario Perpetuo Socorro ha dado un paso que trasciende lo clínico: reconocer que el entorno en que una persona sufre determina, en parte, cómo sana. El primer protocolo formal para las llamadas Comfort Room —salas terapéuticas de estímulos sensoriales— fue construido por quince profesionales de distintas disciplinas con un propósito compartido: devolver la calma sin arrebatar la dignidad. En un campo donde la contención ha sido históricamente la respuesta inmediata, Albacete propone que la primera intervención sea el entorno mismo.
Albacete implementa protocolo pionero para salas terapéuticas sin fármacos ni medidas coercitivas
El entorno importa más que la medicación en el momento de la crisis
¿Por qué ahora? ¿Qué cambió para que Albacete decidiera hacer esto?
La crisis psiquiátrica siempre ha existido, pero la forma de responder a ella ha sido la misma durante décadas: medicación, contención física si es necesario. Alguien se dio cuenta de que eso no era inevitable, que el ambiente mismo podía ser medicina.
¿Y funciona de verdad? ¿O es solo una idea bonita?
Los datos internacionales muestran que sí. Pero aquí lo importante es que quince profesionales diferentes —no solo psiquiatras, sino enfermeros, terapeutas ocupacionales— se sentaron juntos y dijeron: vamos a hacer esto de forma coherente, no improvisada.
¿Qué pasa si alguien entra en la sala y simplemente no quiere estar ahí?
Eso es lo crucial. La sala no es una celda. El paciente elige qué estímulos usa, cuándo, cuánto tiempo. Si no funciona, se va. Es lo opuesto a la coerción.
¿Cuál es el riesgo de expandir esto sin cuidado?
Que se convierta en teatro. Que tengas una sala bonita pero sin el entrenamiento adecuado, sin que los equipos entiendan la filosofía detrás. Por eso insisten en que es una guía flexible, no un protocolo rígido.
¿Qué significa eso en la práctica?
Significa que el clínico sigue siendo quien decide. La sala es una herramienta, no un sustituto del juicio humano. Y eso es lo que hace que esto sea diferente a otros cambios que fracasan.
The Pulse
- Las crisis psiquiátricas en hospitalización breve seguían dependiendo de fármacos y medidas coercitivas, un modelo que erosiona la autonomía del paciente en sus momentos más vulnerables.
- La ausencia de un marco estandarizado dejaba el uso de las salas sensoriales a la improvisación, limitando su eficacia y su extensión a otros equipos.
- Quince profesionales de psiquiatría, enfermería, psicología y terapia ocupacional trabajaron durante meses para crear un protocolo que cubre desde la valoración inicial hasta el seguimiento posterior.
- Las dos Comfort Room ya operativas en el hospital ofrecen iluminación regulable, aromas, mantas ponderadas y pantallas audiovisuales para que el paciente participe activamente en su propia recuperación.
- El SESCAM prevé extender la formación a toda la Gerencia en los próximos meses, con la meta de que la desescalada verbal y el entorno terapéutico sean la primera respuesta ante la agitación, no la última.
En Albacete, el Hospital Universitario Perpetuo Socorro ha dado un paso que trasciende lo clínico: reconocer que el entorno en que una persona sufre determina, en parte, cómo sana. El primer protocolo formal para las llamadas Comfort Room —salas terapéuticas de estímulos sensoriales— fue construido por quince profesionales de distintas disciplinas con un propósito compartido: devolver la calma sin arrebatar la dignidad. En un campo donde la contención ha sido históricamente la respuesta inmediata, Albacete propone que la primera intervención sea el entorno mismo.
En el Hospital Universitario Perpetuo Socorro de Albacete existe una sala que funciona sin inyecciones ni restricciones. Las paredes responden a la luz, los aromas se ajustan a lo que el paciente necesita y las mantas pesan lo justo para calmar. Albacete acaba de convertirse en pionera al establecer el primer protocolo formal para el uso de estas Comfort Room.
El documento fue elaborado por quince profesionales —psiquiatras, psicólogos, enfermeros y terapeutas ocupacionales— bajo una premisa sencilla pero profunda: en una crisis, el entorno puede importar más que la medicación. Las dos salas ya operativas en el hospital cuentan con iluminación regulable según el estado emocional, difusores de aromas, mantas ponderadas, pelotas de estimulación y pantallas audiovisuales personalizadas. Todo está diseñado para que la persona elija activamente qué necesita en cada momento, sin perder autonomía ni dignidad.
Belén Cabañero Simarro, terapeuta ocupacional, y Ana Mansilla Belmonte, enfermera especialista en Salud Mental, lideraron la redacción del protocolo junto al jefe de la Unidad de Media Estancia. Para ellas, estas salas no son solo una técnica: representan un cambio de modelo. El protocolo cubre todo el proceso asistencial, pero sus autoras insisten en que debe leerse como una guía flexible, no como un reglamento rígido.
La iniciativa se enmarca en el Plan de Humanización del SESCAM. En los próximos meses, Cabañero y Mansilla capacitarán a los equipos de toda la Gerencia para que la desescalada verbal y el entorno terapéutico se conviertan en la primera respuesta ante la agitación. Lo que comenzó con dos salas en Albacete podría transformar la forma en que toda la región entiende y atiende la crisis psiquiátrica.
En el Hospital Universitario Perpetuo Socorro de Albacete, en una unidad de hospitalización breve, existe ahora una sala que funciona sin inyecciones ni restricciones. Las paredes responden a la luz. Los aromas cambian según lo que el paciente necesita. Las mantas pesan lo justo para calmar. Esto es una Comfort Room, y Albacete acaba de convertirse en pionera al establecer el primer protocolo formal para usarlas.
La Gerencia de Atención Integrada, que depende del SESCAM, publicó hace poco este documento después de que quince profesionales —psiquiatras, psicólogos, enfermeros, terapeutas ocupacionales— pasaran meses definiéndolo juntos. El protocolo nace de una observación simple pero profunda: cuando alguien está en crisis, el entorno importa más que la medicación. Una sala diseñada correctamente, con los estímulos sensoriales adecuados, puede devolver la calma sin que el paciente pierda su autonomía ni su dignidad.
Las dos salas de confort que ya funcionan en el hospital —una en la Unidad de Hospitalización Breve, otra en la Unidad de Media Estancia— no son habitaciones vacías. Tienen iluminación que se ajusta según el estado emocional de quien entra. Hay difusores que liberan aromas específicos. Las mantas están ponderadas para proporcionar presión calmante. Hay pelotas de estimulación, rodillos antiestrés, pantallas audiovisuales personalizadas. Todo está pensado para que la persona pueda participar activamente en su propia recuperación, eligiendo qué necesita en cada momento.
Belén Cabañero Simarro, terapeuta ocupacional, y Ana Mansilla Belmonte, enfermera especialista en Salud Mental, fueron las autoras principales del protocolo, coordinadas por Luis Víctor Blas Fernández, jefe de la Unidad de Media Estancia. Para ellas, estas salas representan algo más que una técnica: son una herramienta para cambiar el modelo de atención psiquiátrica. El protocolo cubre todo el proceso, desde la valoración inicial del paciente hasta el seguimiento posterior, pero insisten en que debe entenderse como una guía flexible, no como un conjunto de reglas rígidas que los clínicos deben seguir al pie de la letra.
Esta iniciativa forma parte del Plan de Humanización de la Asistencia Sanitaria del SESCAM, un esfuerzo más amplio por transformar cómo se atiende a las personas en crisis. En los próximos meses, Cabañero y Mansilla planean capacitar a los equipos asistenciales de toda la Gerencia en el uso correcto de estas salas. El objetivo es que la desescalada verbal y un entorno terapéutico seguro se conviertan en la primera respuesta ante la agitación, no la medicación forzada ni las medidas coercitivas. Lo que comenzó en Albacete con dos salas y un protocolo podría expandirse hacia un cambio más profundo en cómo la región entiende la crisis psiquiátrica.
Notable Quotes
La implementación y el uso adecuado de las salas de confort, junto con estrategias de desescalada verbal y un entorno terapéutico seguro, representan una herramienta relevante para mejorar la atención en los dispositivos de salud mental— Belén Cabañero Simarro y Ana Mansilla Belmonte, autoras del protocolo