En Addis Abeba, líderes africanos se confrontaron con una paradoja que pesa sobre el continente: décadas de inversiones y compromisos políticos no han logrado detener el avance del hambre. La IGAD advierte que más de 63 millones de personas padecen inseguridad alimentaria en el Cuerno de África, y que la región no ha cumplido los compromisos asumidos en Malabo en 2014. Lo que está en juego no es solo la eficiencia del gasto, sino la capacidad de los Estados de cerrar la distancia entre lo que se promete en las capitales y lo que llega a los campos donde viven los hambrientos.
África examina por qué crece inseguridad alimentaria pese a inversiones sostenidas
El dinero invertido no se traduce en seguridad alimentaria
¿Por qué, si hay inversiones sostenidas, sigue creciendo el hambre en África?
Porque el dinero se invierte en silos. La agricultura se trata como un problema aislado, cuando en realidad está entrelazada con el clima, la nutrición, la tecnología y el acceso al crédito. Un agricultor puede tener semillas mejoradas pero no sabe cuándo vendrá la sequía. Tiene riego pero no fertilizantes. Produce pero no puede vender.
Mencionaste la "última milla". ¿Qué significa eso exactamente?
Es la distancia entre lo que saben los expertos en las capitales y lo que saben los campesinos en el terreno. Tenemos alertas tempranas de sequía, tenemos tecnologías nuevas, pero no llegan a las comunidades. El conocimiento se queda en los informes.
¿Entonces el problema es de comunicación?
Es más profundo. Es de estructura. Los sistemas de datos agrícolas están fragmentados. Los mercados están fragmentados. No hay corredores comerciales confiables. Cuando falta un fertilizante, no hay reserva regional. Todo se colapsa.
¿Qué cambió desde Malabo 2014 hasta ahora?
Los compromisos se hicieron, pero la implementación fue desigual. Algunos países avanzaron en áreas temáticas específicas. Pero el Cuerno de África, donde viven muchos de esos 63 millones de personas hambrientas, quedó rezagado. Los conflictos, las sequías, el desplazamiento forzoso aceleraron el deterioro.
¿Hay esperanza en el nuevo marco de Kampala?
Hay oportunidad. Pero solo si los países aprenden de por qué Malabo no funcionó. No es más dinero lo que se necesita. Es una forma diferente de pensar: integrada, basada en datos, con mecanismos reales de rendición de cuentas.
The Pulse
- Más de 63 millones de personas sufren inseguridad alimentaria en el Cuerno de África y más de 8 millones de niños padecen desnutrición, a pesar de años de inversión sostenida.
- Sequías, conflictos, degradación de suelos, mercados fragmentados y especies invasoras forman una cadena de crisis que neutraliza cada avance logrado.
- La información sobre alertas tempranas y nuevas tecnologías agrícolas no llega a los agricultores en el terreno, una brecha que la IGAD denomina el desafío de la 'última milla'.
- La Declaración de Malabo expira en 2025 sin haber cumplido sus metas, y la región se prepara para negociar el marco de Kampala 2026-2035 con urgencia renovada.
- La IGAD propone reservas regionales de fertilizantes, corredores comerciales alternativos y un enfoque sistémico que integre agricultura, clima, nutrición y tecnología.
En Addis Abeba, líderes africanos se confrontaron con una paradoja que pesa sobre el continente: décadas de inversiones y compromisos políticos no han logrado detener el avance del hambre. La IGAD advierte que más de 63 millones de personas padecen inseguridad alimentaria en el Cuerno de África, y que la región no ha cumplido los compromisos asumidos en Malabo en 2014. Lo que está en juego no es solo la eficiencia del gasto, sino la capacidad de los Estados de cerrar la distancia entre lo que se promete en las capitales y lo que llega a los campos donde viven los hambrientos.
Mientras concluía una reunión regional en Addis Abeba, los líderes africanos debían responder una pregunta incómoda: ¿por qué sigue creciendo el hambre en un continente que ha invertido miles de millones de dólares en soluciones? La IGAD convocó a examinar esta paradoja durante la Quinta Revisión Bienal del Programa General para el Desarrollo de la Agricultura en África.
Sylvia Henga, representante de la División de Agricultura y Medio Ambiente de la IGAD, fue directa: el Cuerno de África está rezagado en el cumplimiento de los compromisos de la Declaración de Malabo, adoptada en 2014 con la promesa de transformar la agricultura y erradicar el hambre para 2025. Doce años después, la situación se ha deteriorado. En 2024, más de 63 millones de personas padecían inseguridad alimentaria y más de ocho millones de niños sufrían desnutrición.
Henga identificó una cascada de factores: sequías prolongadas, degradación de suelos, mercados fragmentados, especies invasoras, conflictos que desplazan familias y una dependencia casi total de las lluvias ante la escasez de sistemas de riego. Pero el problema más profundo, señaló, es la brecha de la 'última milla': las alertas tempranas y las nuevas tecnologías no llegan a los agricultores en el terreno.
Lo que propuso no fue más dinero, sino una forma diferente de gastarlo: un enfoque sistémico que integre agricultura, clima, nutrición, tecnología y financiamiento. También planteó necesidades concretas como reservas regionales de fertilizantes y corredores comerciales alternativos para garantizar el suministro de insumos críticos.
Con la Declaración de Malabo próxima a expirar, la región se prepara para transitar hacia el marco de Kampala 2026-2035. Las conclusiones de esta revisión deberían orientar los planes nacionales de inversión agrícola. El desafío, concluyó Henga, no es la falta de compromisos ni de recursos: es la distancia entre lo que se promete y lo que llega a los campos donde viven esos 63 millones de personas hambrientas.
En Addis Abeba, mientras concluía una reunión regional sobre desarrollo agrícola, los líderes africanos se enfrentaban a una pregunta incómoda: ¿por qué sigue creciendo el hambre en un continente que ha invertido miles de millones de dólares en soluciones?
La Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo, conocida por su sigla IGAD, convocó a examinar críticamente este paradoja durante la Quinta Revisión Bienal del Programa General para el Desarrollo de la Agricultura en África. Sylvia Henga, representante de la División de Agricultura y Medio Ambiente de la IGAD, fue directa en su diagnóstico: la región del Cuerno de África está quedando atrás en el cumplimiento de los compromisos que sus propios líderes asumieron hace más de una década.
Esos compromisos nacieron en junio de 2014, cuando los jefes de Estado africanos se reunieron en Guinea Ecuatorial y adoptaron la Declaración de Malabo. El documento era ambicioso: transformar la agricultura, erradicar el hambre y reducir la pobreza para 2025. Doce años después, el continente no solo no ha alcanzado esas metas, sino que la situación se ha deteriorado. En 2024, más de 63 millones de personas en la región padecían inseguridad alimentaria. Entre ellos, más de ocho millones de niños sufrían desnutrición.
Henga identificó una cascada de factores que explican por qué el dinero invertido no se traduce en seguridad alimentaria. Los choques climáticos golpean con regularidad. Las sequías prolongadas secan los campos. Los suelos se degradan. Los mercados están fragmentados, lo que impide que los agricultores vendan sus productos de manera eficiente. Las especies invasoras destruyen cosechas. Los conflictos desplazan a familias enteras de sus tierras. Y debajo de todo esto, la mayoría de los agricultores de la región dependen de las lluvias, sin sistemas de riego que les permitan producir en épocas secas.
Lo que Henga propuso no fue más dinero, sino una forma diferente de gastarlo. Abogó por un enfoque sistémico que deje de ver la agricultura como un sector aislado. En cambio, debe integrarse con políticas climáticas, programas de nutrición, inversión en tecnología y acceso a financiamiento. Pero hay un problema crítico: la información sobre alertas tempranas de sequías y las nuevas tecnologías agrícolas no llegan a los agricultores en el terreno. Henga llamó a esto el desafío de la "última milla", ese tramo final donde la brecha entre lo que se sabe en las capitales y lo que saben los campesinos sigue siendo enorme.
La representante de la IGAD también señaló necesidades concretas. Los sistemas de riego necesitan ser más eficientes. Los datos agrícolas deben recopilarse y compartirse mejor. Las inversiones en resiliencia y tecnologías verdes son urgentes. Y hay un problema logístico específico: los fertilizantes, insumo crítico para la producción, enfrentan interrupciones en el suministro. La solución propuesta incluye crear reservas regionales de fertilizantes y establecer corredores comerciales alternativos que no dependan de una sola ruta de abastecimiento.
Ahora, la región se prepara para una transición. La Declaración de Malabo expira en 2025. Su sucesor, el marco de Kampala, cubrirá el período 2026-2035. Las conclusiones de esta revisión bienal, según Henga, deberían orientar los planes nacionales de inversión agrícola y las políticas que cada país adopte en los próximos años. El desafío no es la falta de compromisos políticos ni la falta de dinero. Es la brecha entre lo que se promete y lo que se entrega en los campos donde viven esos 63 millones de personas hambrientas.
Notable Quotes
La región del Cuerno de África se mantiene por debajo de la trayectoria necesaria para cumplir los compromisos de Malabo, a pesar de los avances logrados en diversas áreas temáticas— Sylvia Henga, IGAD
Se requiere un enfoque sistémico que integre la agricultura con los sectores del clima, la nutrición, la tecnología y la financiación— Sylvia Henga, IGAD