En las elecciones municipales alemanas, el partido de extrema derecha AfD triplicó su caudal de votos, consolidando una tendencia que ya no puede leerse como anomalía sino como síntoma de una reconfiguración profunda del electorado germano. Lo ocurrido en regiones como Baja Sajonia no es un fenómeno local aislado, sino el reflejo de un descontento que atraviesa fronteras y generaciones, poniendo en tensión el consenso democrático que Europa construyó con esfuerzo tras la Segunda Guerra Mundial. La pregunta que queda suspendida en el aire no es si el AfD seguirá creciendo, sino qué revela ese c