En el corazón de los Alpes, un conflicto territorial que Europa creía sepultado ha vuelto a la superficie por voluntad de un partido político alemán. La AfD, al respaldar el independentismo del Tirol del Sur, no persigue una frontera nueva sino una narrativa: la del defensor de minorías culturales frente al Estado centralizado. El gesto ha herido a su aliada Giorgia Meloni, recordándonos que las solidaridades ideológicas entre extremas derechas son más frágiles que sus enemigos comunes.