En el corazón de Europa, Alemania contempla un umbral que no ha cruzado desde los años más oscuros del siglo XX: la posibilidad de que la ultraderecha gobierne una región por primera vez desde el Tercer Reich. El partido AfD, con una plataforma etnonacionalista, antiinmigración y alineada con Moscú, se acerca al poder ejecutivo en Sajonia-Anhalt gracias a la aritmética parlamentaria y a la posible abstención de un partido que se presenta como de izquierdas. Lo que durante décadas fue un cordón sanitario político se convierte hoy en una línea que podría borrarse con un solo voto.