En el fútbol argentino, donde los errores arbitrales suelen disolverse en el silencio institucional, la AFA eligió esta vez un camino distinto: reconocer públicamente y con inusual celeridad que un gol legítimo de Manuel Lanzini fue anulado sin justificación válida en el partido entre Riestra y Vélez. La suspensión inmediata del árbitro Nazareno Arasa y del VAR Diego Ceballos no es solo una sanción deportiva, sino un gesto que interroga décadas de opacidad y abre la pregunta de si las instituciones pueden, cuando se lo proponen, elegir la transparencia sobre la autoprotección.