En un miércoles cargado de expectativa, los mercados asiáticos se mantuvieron casi inmóviles mientras el mundo financiero aguardaba la palabra de la Reserva Federal. Con el petróleo rozando los 105 dólares por barril y los rendimientos de los bonos del Tesoro en máximos de dos décadas, los inversores enfrentaban una de esas encrucijadas en que la historia económica se escribe en silencio, antes de que nadie lo note. La pregunta no era si subirían las tasas, sino qué clase de mundo quedaría después.