En el umbral del otoño financiero de 2026, los mercados asiáticos reflejan una inquietud que trasciende las pantallas de cotización: el petróleo, impulsado por tensiones geopolíticas en el estrecho de Ormuz, se convierte en espejo de fragilidades más profundas, donde la inflación persistente y el endurecimiento monetario anticipado recuerdan que la economía global sigue navegando aguas sin cartografía clara. El retroceso del índice MSCI Asia-Pacífico y la presión sobre los bonos soberanos no son sino síntomas de una pregunta que los mercados aún no saben responder: ¿cuánto más puede sostenerse