En diciembre de 1971, un rayo desintegró el vuelo 508 de LANSA sobre la Amazonia peruana, arrebatando la vida de noventa y una personas. Solo una adolescente de diecisiete años, Juliane Koepcke, descendió viva desde tres mil metros atada a su asiento, para enfrentarse luego a diez días de selva con el cuerpo roto y el conocimiento heredado de sus padres como única brújula. Su historia no es solo la de una superviviente: es la de cómo el saber transmitido entre generaciones puede convertirse, en el momento más oscuro, en el camino de regreso a la vida.
A los 17 años cayó 3.000 metros desde un avión y sobrevivió 11 días en el Amazonas
91 personas murieron en el accidente; Juliane Koepcke fue la única sobreviviente de 92 pasajeros y tripulantes.