150 empresas presionan a Von der Leyen para mantener la prohibición de vehículos de combustión en 2035

Cientos de miles de millones invertidos, pero ¿para quién?
Las 150 empresas destacan sus inversiones multimillonarias mientras ignoran a los ciudadanos que no pueden permitirse un coche eléctrico.

En el corazón de la política industrial europea, ciento cincuenta empresas del sector de movilidad eléctrica han escrito a Ursula von der Leyen para exigir que se mantenga la prohibición de vehículos de combustión en 2035. Lo que se presenta como convicción climática revela, al examinarse con detenimiento, la lógica más antigua del mercado: proteger inversiones multimillonarias ya realizadas. La historia recuerda que cuando los intereses económicos y los ideales ambientales convergen, conviene preguntarse cuál de los dos conduce al otro.

  • Ciento cincuenta empresas —entre ellas Volvo, Uber, Iberdrola e Ikea— han enviado una carta a Von der Leyen exigiendo que no se retrase la prohibición de vehículos con emisiones de CO2 para 2035.
  • La presión llega en un momento de vulnerabilidad política: la presidenta de la Comisión enfrenta simultáneamente dudas de Estados miembros, resistencias de fabricantes y ahora el lobby de quienes apostaron por la electrificación.
  • Más allá de la retórica climática, las empresas piden ayudas estatales, incentivos coordinados en todos los países miembros y una estrategia industrial europea que garantice el retorno de sus inversiones.
  • Mientras tanto, el ciudadano europeo medio queda fuera del relato: la edad media del parque automovilístico español ha pasado de 7,7 a 14,5 años en dos décadas, señal inequívoca de que el vehículo eléctrico sigue siendo un lujo inaccesible para la mayoría.

Una coalición de 150 líderes empresariales del sector de movilidad eléctrica ha enviado una carta a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, con un mensaje directo: no ceder ante las presiones para retrasar la prohibición de vehículos con emisiones de CO2 prevista para 2035. Entre los firmantes figuran nombres reconocibles como Volvo, Uber, Cabify, Iberdrola, Ikea, Polestar y Wallbox, que abarcan toda la cadena de valor del automóvil eléctrico.

La carta pide a Von der Leyen que se mantenga firme, pero su contenido va más allá de la convicción ambiental. Las empresas recuerdan los cientos de miles de millones invertidos desde que se anunció la prohibición y los más de 150.000 empleos que dicen haber generado. En paralelo, solicitan una estrategia industrial europea más sólida: mayor producción de baterías, acceso a materias primas y, sobre todo, incentivos públicos coordinados en todos los Estados miembros para acelerar la transición. Lo que se presenta como beneficio colectivo es, en esencia, una petición de respaldo estatal para proteger apuestas privadas ya realizadas.

El momento elegido para esta presión no es casual. Von der Leyen navega entre gobiernos preocupados por la competitividad industrial, fabricantes que cuestionan la viabilidad del calendario y ahora este bloque de empresas cuyo modelo de negocio depende de que la prohibición se mantenga. La carta evidencia que la política medioambiental y la política industrial son, en este caso, la misma cosa vista desde ángulos distintos.

Lo que la carta omite es igualmente revelador. La edad media de los vehículos en las carreteras españolas ha pasado de 7,7 años en 2004 a 14,5 años en 2024, no por nostalgia, sino por pérdida de poder adquisitivo. Para la mayoría de los europeos, un coche eléctrico sigue siendo un bien de lujo. Las 150 empresas que piden incentivos para acelerar la transición no preguntan cómo llegar a quienes no pueden permitirse comprar un coche nuevo, sea eléctrico o no. Preguntan cómo asegurarse de que sus inversiones resulten rentables.

A coalition of 150 business leaders from the electric mobility sector has sent an unsigned letter to European Commission President Ursula von der Leyen with a straightforward demand: do not delay the 2035 ban on the sale of cars and vans with CO2 emissions across the European Union. The signatories span the automotive supply chain—vehicle manufacturers, battery companies, charging infrastructure providers, software developers, energy operators, and engineering firms. Among them are recognizable names: Volvo, Uber, Cabify, Iberdrola, Ikea, LG Energy Solutions, Polestar, Wallbox, and Circontrol.

The letter asks von der Leyen to "remain firm and not back down" on the combustion vehicle prohibition. On its surface, this appears to be a coalition united by climate conviction. But the substance of their request reveals something else. These companies are reminding the Commission president of the hundreds of billions of euros they have invested since the ban was announced, and the more than 150,000 jobs they claim to have created in pursuit of it. They are, in other words, protecting their bets.

The letter does not stop at asking the Commission to hold the line. The companies are also requesting a "much more robust" European industrial strategy that would expand battery production, secure raw materials, and support the transformation of suppliers and machinery manufacturers. They want "smart and coherent incentives across all member states" to help Europeans transition to electric vehicles. This framing as public benefit obscures what it actually is: a request for state support that would primarily benefit the companies making the request.

The timing and tone of the pressure campaign suggest anxiety about the political durability of the 2035 target. Von der Leyen faces pressure from multiple directions—from member states worried about industrial competitiveness, from manufacturers concerned about feasibility, and now from this coalition of companies whose business models depend on the ban remaining in place. The letter is a reminder that what appears to be environmental policy is also industrial policy, and industrial policy always has winners and losers.

What the letter does not address is the economic reality facing ordinary Europeans. The average age of cars on Spanish roads has nearly doubled in two decades, from 7.7 years in 2004 to 14.5 years in 2024. This is not because Spaniards have developed a fondness for older vehicles. It is because purchasing power has declined. For most European citizens, an electric vehicle remains a luxury purchase. The 150 companies asking for incentives to accelerate the transition are not asking how those incentives will reach the people who cannot afford to buy a new car at all, electric or otherwise. They are asking how to ensure their investments pay off.

Mantenerse firme y no dar marcha atrás en el plan para prohibir la venta de coches y furgonetas con emisiones de CO2 a partir del año 2035
— Las 150 empresas en su carta a Von der Leyen
Hemos comprometido cientos de miles de millones de euros en nuevas inversiones, creando más de 150.000 nuevos empleos
— Las 150 empresas del sector automovilístico
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

Why does an unsigned letter matter? Why not put names to the demand?

Model

The anonymity protects individual companies from backlash while allowing the group to speak with unified force. It's a classic lobbying tactic—strength in numbers, no single target for criticism.

Inventor

Are these companies actually worried about climate, or about their money?

Model

Both, probably, but not equally. They've committed enormous capital to electric vehicle infrastructure. They need the ban to stay in place so their investments generate returns. Climate concern is real, but it's inseparable from financial interest.

Inventor

What about the people who can't afford an electric car?

Model

They're not mentioned in the letter. The companies are asking for "incentives" to help Europeans transition, but incentives flow to those who can already participate in the market. A person driving a 15-year-old car because they can't afford a new one doesn't benefit from subsidies for electric vehicles.

Inventor

Could the 2035 ban actually be delayed?

Model

That's the fear driving this letter. Von der Leyen faces real pressure from member states and manufacturers. The ban is politically vulnerable. These 150 companies are trying to shore it up before it collapses.

Inventor

Is this lobbying or legitimate advocacy?

Model

It's both. Lobbying is a form of advocacy. The question is whether the public interest and private interest align. Here, they don't entirely. The companies benefit from the ban; most Europeans bear the cost of transition without the means to participate.

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