Las redes sociales concentran el 52,3% de los primeros contactos fraudulentos, seguidas por llamadas telefónicas con 28,4%. El fraude digital representa el 41% de los ciberdelitos, seguido por suplantación de identidad (29%) y robo de información (14,5%).
1 de cada 4 argentinos fue víctima de ciberataque; redes sociales lideran estafas
La comodidad cotidiana baja la guardia frente al fraude
¿Por qué las redes sociales son tan efectivas para los estafadores si la gente dice que desconfía de desconocidos?
Porque la desconfianza es abstracta, pero el mensaje es concreto y llega en un lugar donde la gente ya está relajada. Es el mismo espacio donde habla con su banco, con su jefe. Esa familiaridad es el arma.
Pero el estudio dice que el 75,3% aplica alguna medida de prevención. Entonces, ¿por qué sigue siendo tan efectivo?
Porque aplicar una medida no significa aplicarla bien, o aplicarla siempre. El 24,6% de quienes les pidieron datos entregó todo. Eso es casi una de cada cuatro personas.
¿Hay algo que diferencie a quienes ceden los datos de quienes no?
El estudio no lo especifica. Solo dice que sucede. Pero Macchione sugiere que la experiencia previa es lo que realmente cambia el comportamiento.
Espera. El 90% de quienes fueron víctimas dos veces adoptó medidas. Pero eso significa que el 10% no aprendió nada. ¿Eso no es preocupante?
Absolutamente. Significa que para algunos, ni siquiera la victimización repetida genera cambio.
¿Y los mayores de 65? Tienen la tasa más baja de victimización pero la más alta de prevención.
Probablemente usan menos las plataformas en general. Menos exposición, menos riesgo. Pero cuando sí adoptan medidas, lo hacen más seriamente.
El estudio no dice por qué Corrientes tiene más estafas que Córdoba siendo más pequeña. Eso es especulación de Macchione sobre alfabetización digital, pero no hay datos que lo respalden.
Cierto. Es una hipótesis interesante, pero el estudio no la prueba.
O Pulso
- El 24,9% de los argentinos (1 de cada 4) fue víctima de ciberdelito
- Las redes sociales concentran el 52,3% de los primeros contactos fraudulentos
- El fraude digital representa el 41% de los ciberdelitos, seguido por suplantación de identidad (29%)
- Los adultos de 30 a 49 años concentran el 36% de los casos
- El 90% de quienes fueron víctimas dos veces adoptó medidas de seguridad digital
Las redes sociales concentran el 52,3% de los primeros contactos fraudulentos, seguidas por llamadas telefónicas con 28,4%. El fraude digital representa el 41% de los ciberdelitos, seguido por suplantación de identidad (29%) y robo de información (14,5%).
Un estudio revela que el 24,9% de los argentinos fue víctima de ciberdelitos, con las redes sociales como principal canal de contacto fraudulento en el 52,3% de los casos.
Uno de cada cuatro argentinos ha sido víctima de un ciberdelito. Esa cifra, que surge de un estudio de la Universidad Siglo 21 realizado entre 1.050 personas de 18 a 65 años, traduce a números concretos una realidad que ya toca a casi el 25% de la población: el 24,9% ha experimentado directamente algún tipo de fraude, robo de datos o suplantación de identidad en línea. Y si ese número parece alto, considérese que el 56,7% de los encuestados conoce a alguien cercano que atravesó esa situación. El ciberdelito, en otras palabras, ya no es una amenaza abstracta sino un hecho cotidiano en la vida de los argentinos.
Las redes sociales son la puerta de entrada principal. En el 52,3% de los casos, el primer contacto fraudulento llega a través de plataformas digitales. Las llamadas telefónicas ocupan el segundo lugar, con el 28,4%. Una vez que el atacante logra ese contacto inicial, las redes sociales concentran el 56,2% de las estafas consumadas, el 54,8% de los robos de información financiera y el 50,7% de las suplantaciones de identidad. Lo que hace particularmente efectivo este canal es su familiaridad: son los mismos espacios donde la gente se comunica con el banco, con el trabajo, con la familia. Esa comodidad cotidiana, como explicó Nicolás Macchione, director del Instituto de Seguridad y Criminología de Insight 21, es precisamente lo que baja la guardia frente a un mensaje fraudulento.
El fraude digital es la modalidad más frecuente, representando el 41% de los episodios relevados. Le sigue la suplantación de identidad, con el 29%. El robo de información representa el 14,5% y el acoso o la extorsión virtual, el 4,8%. De todos estos ataques, el 55% se consuma efectivamente, mientras que el 45% queda en el intento. Los atacantes buscan principalmente contraseñas bancarias, presentes en el 32,2% de los intentos, y el Documento Nacional de Identidad, requerido en el 30%. Del 49% de los encuestados a quienes les pidieron información personal por canales digitales, el 24,6% entregó todos los datos solicitados y el 19,2% proporcionó una parte. Aunque el 75,3% afirma aplicar alguna medida de ciberprevención y el 58,5% desconfía de remitentes desconocidos, esas prácticas no siempre impiden que se compartan datos sensibles ante un contacto fraudulento.
La vulnerabilidad no se distribuye de manera uniforme según la edad. Los adultos de 30 a 49 años concentran el 36% de los casos de ciberdelito, seguidos por el grupo de 50 a 64 años, con el 33%. La incidencia es del 21% entre los jóvenes de 18 a 29 años y del 10% entre los mayores de 65. Geográficamente, Ciudad de Buenos Aires lidera con el 33,1% de los casos, mientras que Comodoro Rivadavia registra el índice más bajo, con el 4,9%. Corrientes presenta más estafas, robos de información financiera y casos de acoso o chantaje que Córdoba y Rosario, pese a tener menor densidad de población e índices generales de criminalidad más bajos. Macchione señaló que esta diferencia muestra que la exposición al cibercrimen no depende solo del tamaño de una ciudad, sino de cómo cada comunidad usa las herramientas digitales y qué tan desarrolladas están sus redes de alfabetización digital.
Hay diferencias también según el género. El acoso, chantaje o extorsión virtual tiene una mayor incidencia entre los varones, que concentran el 62,7% de los casos, frente al 37,3% de las mujeres. El robo de información personal o financiera es levemente más frecuente entre las mujeres: 52%, contra 48% entre los varones. Las vías de contacto también cambian según la edad: en los grupos jóvenes predominan las redes sociales con el 42%, mientras que entre los adultos WhatsApp reúne el 46%.
Lo más revelador del estudio es lo que sucede después de una victimización. El 90% de las personas que padecieron un ciberataque más de una vez ya adoptó medidas de seguridad digital, proporción que llega al 86,6% entre quienes fueron víctimas una sola vez. Entre quienes nunca atravesaron un episodio de este tipo, el indicador baja al 71,2%. La relación se invierte entre quienes no aplican ninguna práctica preventiva: el 87,6% nunca fue víctima. Macchione resumió el patrón con claridad: hoy la experiencia funciona como la principal vía de aprendizaje en ciberseguridad, y es la más cara. Alguien tiene que ser víctima primero para activar sus capacidades de protección. Las personas de 60 a 65 años exhiben el mayor nivel de prevención, con el 81,5%, seguidas por quienes tienen de 18 a 29 años, con el 77,2%. La franja de 40 a 49 años registra el nivel más bajo de prevención, con el 72,4%. Por nivel educativo, el 23,6% de quienes terminaron la secundaria no toma ninguna medida preventiva, frente a menos del 20% de los universitarios. El estudio abarcó Ciudad de Buenos Aires, Comodoro Rivadavia, Córdoba, Corrientes, Mendoza, Rosario y San Miguel de Tucumán, con foco en la victimización, la percepción del riesgo y las prácticas de prevención.
Citações Notáveis
El fraude digital no necesita inventar un canal nuevo. Aprovecha los mismos espacios que usamos todos los días para hablar con el banco, con el trabajo o con la familia.— Nicolás Macchione, director del Instituto de Seguridad y Criminología de Insight 21
La experiencia funciona como la principal vía de aprendizaje en ciberseguridad, y es la más cara. Alguien tiene que ser víctima primero para activar sus capacidades de protección.— Nicolás Macchione