En tiempos de guerra prolongada, los ejércitos también renuevan sus mandos como quien afila una herramienta desgastada por el uso. El presidente Zelenski relevó al general Sirski de la comandancia suprema de las Fuerzas Armadas ucranianas y confió ese peso al general Drapati, quien ya conocía el terreno desde las Fuerzas Conjuntas. El gesto de gratitud hacia el saliente y la promesa de un nuevo rol dentro de la estructura revelan que no se trata de una ruptura, sino de una reconfiguración del liderazgo ante las exigencias cambiantes de un conflicto que no cede.