Yubislandy Chico: del operador de tractores al productor tabacalero destacado

Si el país lo necesita y uno tiene la posibilidad, entonces ¿cómo no lo vamos a hacer?
Chico explica su filosofía sobre la responsabilidad comunitaria y las donaciones que ha hecho a su municipio.

En San Juan y Martínez, donde el tabaco lleva siglos definiendo la identidad de una región, Yubislandy Chico ha recorrido en seis años el camino que otros tardan décadas en transitar: de operador de maquinaria a productor reconocido con ocho hectáreas propias, infraestructura autónoma y una convicción poco común de que el éxito personal no tiene sentido si no se comparte. Su historia no es solo la de un agricultor que creció, sino la de alguien que decidió que crecer y servir son la misma cosa.

  • En una economía agrícola bajo presión constante, Chico multiplicó por ocho su superficie cultivada reinvirtiendo cada ganancia con disciplina metódica, sin esperar condiciones perfectas.
  • La dependencia de maquinaria externa y del sistema eléctrico nacional representaba un riesgo permanente; él respondió adquiriendo tractores propios e instalando riego solar para operar con autonomía total.
  • Cada campaña tabacalera le roba el sueño: el clima, los vientos, el momento exacto de la lluvia son amenazas reales que no desaparecen con el éxito, sino que crecen con él.
  • Tras el huracán Ian, reconstruyó la farmacia de su comunidad, donó alimentos y financió reparaciones en la casa de abuelos, convirtiendo sus recursos productivos en herramientas de reconstrucción colectiva.
  • Hoy instala túneles de posturas de última generación y riego por goteo, apostando a que la tecnología es el único camino sostenible hacia mayor calidad y rendimiento en un cultivo centenario.

En San Juan y Martínez, municipio de Pinar del Río donde el tabaco es casi una filosofía de vida, Yubislandy Chico comenzó hace seis años operando tractores para una empresa estatal. Un día decidió solicitar tierras propias. Antes de sembrar, aprendió: buscó a los vegueros más experimentados, estudió el oficio con paciencia y cuando recibió su primera hectárea de tabaco tapado, ya sabía lo que hacía. Esa cosecha salió bien. Las siguientes, mejor. Cada ciclo exitoso financió el siguiente paso: de una hectárea a dos, de dos a cuatro, de cuatro a ocho.

La finca que tiene hoy es irreconocible. Levantó una miniescogida propia donde beneficia su tabaco y el de otros productores locales, generando empleo y cerrando el ciclo productivo completo. Instaló riego solar para liberarse de la red eléctrica nacional. Adquirió tractores con todos sus implementos. Donde antes dependía de bueyes cuando la empresa no podía ayudarlo, ahora tiene autonomía total. Actualmente construye túneles de posturas de última generación e instala riego por goteo, convencido de que la tecnología es la única vía hacia la calidad sostenida.

Pero lo que verdaderamente distingue a Chico es otra cosa. Cuando el huracán Ian destruyó la farmacia de su comunidad, él la reconstruyó. Donó equipos de climatización a centros de salud, entregó tres toneladas de alimentos a la casa de abuelos local y financió reparaciones mayores en ese mismo lugar. Sus tractores participan en la limpieza del pueblo y han viajado hasta la ciudad de Pinar del Río para apoyar labores de higienización. Habla de todo esto sin buscar reconocimiento.

«No es cuestión de tener más dinero o menos», dice. «Es humanismo y voluntad de ayudar». Sus padres le enseñaron que si el país lo necesita y uno tiene la posibilidad, la pregunta no es si hacerlo, sino cómo. En esa lógica sencilla —cada vez más escasa— reside quizás su mayor cosecha: la demostración de que el éxito personal y la responsabilidad comunitaria no son caminos opuestos, sino el mismo.

En San Juan y Martínez, un municipio de Pinar del Río donde el tabaco es más que un cultivo—es una forma de estar en el mundo—Yubislandy Chico conduce sus tractores por vegueros que hace seis años no eran suyos. Cuando comenzó, operaba maquinaria para la Empresa de Acopio y Beneficio de Tabaco Hermanos Saíz. Hoy es uno de sus productores más reconocidos, y la transformación no fue accidental.

Chico decidió un día solicitar tierras para intentar la siembra de tabaco. Lo primero que hizo no fue sembrar: fue aprender. Se acercó a vegueros con décadas de experiencia, estudió el cultivo, absorbió cada detalle de un oficio que lleva siglos moldeando la región. Cuando recibió su primera hectárea de tabaco tapado, ya sabía lo que hacía. Esa primera cosecha salió bien. La segunda mejor. Luego vino la tercera, y la cuarta. Cada ciclo exitoso le permitió expandir: de una hectárea a dos, de dos a cuatro, de cuatro a ocho. No fue ambición ciega sino disciplina sistemática, reinvirtiendo cada ganancia en lo que necesitaba para crecer.

La finca que tiene hoy es irreconocible comparada con la que recibió hace cinco años. Ha levantado una miniescogida propia donde beneficia su tabaco y el de otros productores de la zona—un paso que genera empleo local, cierra el ciclo productivo completo y agrega valor a cada cosecha. Instaló un sistema de riego alimentado por energía solar, liberándose de la dependencia del sistema eléctrico nacional. Adquirió tractores con sus implementos: picadora, vertedera, carreta. Antes, cuando la empresa no podía proporcionarle maquinaria, apelaba a los bueyes. Ahora tiene autonomía total para preparar suelos, transportar recursos, atender cada detalle a tiempo.

No es ingenuo sobre lo que significa esto. Chico sabe que cada campaña lo deja sin dormir tranquilo. La mente nunca descansa: ¿vendrá mal tiempo? ¿lluvia en el momento equivocado? ¿vientos fuertes? El estrés no termina hasta que el tabaco llega a la escogida, se beneficia y se vende. Pero también sabe que los problemas existen en todas partes; lo que importa es buscar soluciones y seguir adelante. Actualmente construye dos túneles de posturas de última generación e instala riego por goteo, convencido de que la tecnología es la única manera de ganar en calidad y rendimiento.

Lo que distingue a Chico no es solo su éxito agrícola. Cuando el huracán Ian destruyó la farmacia de su comunidad, él la reconstruyó. Donó splits para los centros de salud. Entregó tres toneladas de alimentos a la casa de abuelos de San Juan y Martínez, donde además financió reparaciones mayores. Sus tractores participan en la limpieza del pueblo y han viajado a la ciudad de Pinar del Río para apoyar labores de higienización. Habla de esto con la naturalidad de quien no busca reconocimiento, sino que simplemente actúa.

«No es cuestión de tener más dinero o menos», dice. «Es humanismo y voluntad de ayudar». Sus padres le enseñaron así. Si el país lo necesita y uno tiene la posibilidad, entonces ¿cómo no hacerlo? Esa lógica simple—que parece cada vez más rara—es la que lo mueve. Chico todavía tiene mucho que aprender en un cultivo con siglos de tradición, en una región que el mundo reconoce por su tabaco. Pero en algo sí podría dar lecciones: en la manera de entender que el éxito personal y la responsabilidad con la comunidad no son opuestos, sino partes del mismo camino.

Es una manera de ayudar y de ser consecuente con los principios en los que nos hemos formado
— Yubislandy Chico, sobre sus donaciones comunitarias
Decidí dar el paso, me entregaron una hectárea y ahí empezó mi historia como tabacalero
— Yubislandy Chico, sobre el inicio de su actividad como productor
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Qué lo hizo cambiar de operador de tractores a productor? ¿Fue una decisión repentina o algo que llevaba tiempo pensando?

Model

No fue repentino. Vio la oportunidad y decidió prepararse primero. Se acercó a campesinos con experiencia, estudió. Cuando pidió la tierra, ya sabía lo que iba a hacer.

Inventor

Pasó de una hectárea a ocho en seis años. ¿Eso es rápido para el tabaco?

Model

Sí, pero no por suerte. Cada cosecha exitosa le permitió reinvertir. Disciplina, asesoramiento constante, documentación. No saltó pasos.

Inventor

La miniescogida que construyó—eso parece ser un punto de quiebre. ¿Por qué fue tan importante?

Model

Porque le permitió cerrar el ciclo completo. Antes dependía de otros para beneficiar su tabaco. Ahora lo hace él, agrega valor, genera empleo local. Es autonomía real.

Inventor

Mencionó que no duerme tranquilo durante la campaña. ¿Vale la pena ese estrés?

Model

Claro que vale. Pero no es solo estrés. Es responsabilidad. Sabe que cada decisión afecta el resultado. Eso lo mantiene atento, vigilante.

Inventor

Las donaciones a la comunidad—¿son algo que hace porque puede, o porque siente que debe?

Model

Ambas cosas. Pero sobre todo porque sus padres le enseñaron así. Para él no es una pregunta complicada: si tienes y el país lo necesita, lo haces. Punto.

Inventor

¿Qué cree que lo diferencia de otros productores que también tuvieron oportunidades?

Model

La disciplina. Y la disposición a aprender de otros. No llegó pensando que ya sabía. Llegó a escuchar.

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