En el escenario de Yo Me Llamo, donde la identidad ajena se convierte en arte propio, el capítulo 8 reunió a imitadores de distintas tradiciones musicales ante un jurado que elevó sus criterios de exigencia. Desde Diomedes Díaz hasta Daddy Yankee, los participantes enfrentaron la pregunta que subyace a todo concurso de imitación: ¿cuándo termina la técnica y empieza la transformación verdadera? La jornada reveló que el parecido vocal no es solo una habilidad, sino una forma de respeto hacia el artista que se encarna.