En el escenario del Templo de la Imitación, dieciséis colombianos se presentaron ante un jurado exigente con la esperanza de desaparecer dentro de otro: el arte de la imitación como espejo de la identidad cultural y el deseo humano de ser reconocido a través de la voz ajena. El tercer capítulo de Yo Me Llamo, emitido el 23 de julio, entregó momentos que van desde la risa colectiva hasta las lágrimas de Amparo Grisales, recordándonos que imitar a un artista es, en el fondo, un acto de amor y vulnerabilidad.