En el cruce entre la ambición científica y la rivalidad geopolítica, Yang Zhilin, un matemático de 34 años formado entre Tsinghua y Carnegie Mellon, ha construido en apenas tres años una empresa capaz de desafiar el orden establecido en la inteligencia artificial global. Su modelo Kimi K3, con 2,8 billones de parámetros, no es solo un logro técnico: es el símbolo de una generación de científicos chinos que regresaron a casa convencidos de que el futuro no pertenece exclusivamente a Silicon Valley. La historia que Moonshot AI está escribiendo obliga al mundo a reconsiderar quién define el horiz