Wilmar Mejía asegura que asistirá al Consejo Superior de la Universidad de Antioquia pese a polémica

Las acusaciones implican potencial apoyo a grupos armados ilegales que han causado violencia en Colombia, afectando la seguridad institucional y universitaria.
Anunció que asistiría, pero no se presentó a la reunión
La contradicción entre la promesa pública de Mejía y su ausencia final intensificó las dudas sobre su permanencia en el cargo.

En Colombia, la figura de Wilmar Mejía —vocero presidencial y funcionario de inteligencia— encarna una tensión que el país conoce bien: la sospecha de que el Estado y los grupos armados ilegales comparten, en algún punto oscuro, los mismos corredores. Las acusaciones de nexos con disidencias Farc, aunque negadas, han puesto en entredicho no solo a un hombre, sino la credibilidad de las instituciones que representa, desde la presidencia hasta la universidad pública.

  • Noticias Caracol reveló que Mejía habría colaborado con disidencias Farc para crear una empresa de seguridad que facilitara salvoconductos fraudulentos para armas y vehículos blindados.
  • El gobernador de Antioquia exigió públicamente la renuncia de Mejía y pidió investigaciones por presunto apoyo al terrorismo en universidades públicas, elevando la crisis al plano político regional.
  • Mejía anunció en redes sociales que asistiría virtualmente al Consejo Superior de la Universidad de Antioquia, pero no se presentó, dejando su promesa pública sin cumplir y su credibilidad aún más debilitada.
  • La ausencia de Mejía y las acusaciones acumuladas generan un efecto dominó que amenaza tanto la seguridad institucional como la autonomía de las universidades públicas colombianas.

Wilmar de Jesús Mejía, portavoz del presidente Gustavo Petro y alto funcionario de la Dirección Nacional de Inteligencia, enfrenta una grave crisis política tras un informe de Noticias Caracol que lo vincula con disidencias de las Farc asociadas al alias Calarcá. Según la investigación, Mejía habría colaborado en la creación de una empresa de seguridad destinada a proveer salvoconductos fraudulentos para armas y vehículos blindados. Tanto él como el gobierno Petro han negado categóricamente los señalamientos.

La controversia adquirió una dimensión concreta cuando se aproximó la reunión del Consejo Superior de la Universidad de Antioquia, donde Mejía representa al presidente. Ante la presión pública, él mismo anunció por redes sociales que participaría de forma virtual, reafirmando su compromiso con la institución y su intención de defenderla del clientelismo político. Sin embargo, llegado el momento, no asistió ni virtual ni presencialmente, profundizando las dudas sobre su situación.

El gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, intensificó la presión al pedir a la comunidad universitaria que exigiera la renuncia de Mejía. Rendón lo vinculó, bajo su alias, con la interferencia de redes terroristas en universidades públicas y sugirió que su presencia en el consejo superior podría explicar tanto la persecución contra su administración como la reducida operatividad militar frente a las disidencias en la región.

Lo que queda es una crisis de confianza que desborda la figura de un solo funcionario: toca la integridad del aparato de inteligencia del Estado, la independencia de las instituciones educativas y la capacidad del gobierno para responder con transparencia ante acusaciones de esta gravedad.

Wilmar de Jesús Mejía, portavoz del presidente Gustavo Petro y funcionario de alto nivel en la Dirección Nacional de Inteligencia, se encuentra en el centro de una tormenta política tras revelaciones que lo vinculan con grupos armados ilegales. A finales de noviembre, el medio Noticias Caracol publicó un informe que sugería que Mejía habría colaborado con disidencias de las Farc vinculadas a alias Calarcá, específicamente para facilitar la creación de una empresa de seguridad que proporcionaría salvoconductos fraudulentos para armas y vehículos blindados.

Tanto Mejía como la administración Petro han negado categóricamente estas acusaciones. Sin embargo, la controversia ha generado presión desde múltiples flancos. Mejía, también conocido en algunos círculos como alias Chulo, representa al presidente en el Consejo Superior de la Universidad de Antioquia, un cargo que ahora está bajo escrutinio. Cuando se aproximaba la reunión de ese consejo el 25 de noviembre, surgió la pregunta obvia: ¿se presentaría?

Mejía respondió públicamente a través de redes sociales, afirmando que sí asistiría, aunque en modalidad virtual como lo había hecho en ocasiones anteriores. Expresó que no había recibido instrucción alguna que le impidiera participar. En su mensaje, enfatizó su compromiso con la institución, diciendo que su rol era defender la Universidad de Antioquia de quienes, según él, la han saqueado durante más de dos décadas, convirtiéndola en un espacio de clientelismo político. Agregó que su objetivo era garantizar que la universidad permaneciera abierta y funcionando como un espacio esencial para jóvenes vulnerables de Antioquia y el país.

Pero la promesa no se cumplió. Cuando llegó el momento de la reunión, Mejía no asistió, ni virtual ni presencialmente. Su ausencia intensificó las preguntas sobre su permanencia en el cargo y la credibilidad de sus explicaciones públicas.

Mientras tanto, Andrés Julián Rendón, gobernador de Antioquia, escaló la presión. Rendón pidió a la comunidad universitaria que exigiera la renuncia de Mejía y solicitó investigaciones sobre si el funcionario estaría detrás de actos de apoyo al terrorismo en universidades públicas. En declaraciones contundentes, Rendón cuestionó la presencia de un director de inteligencia representando al presidente en el consejo superior de una universidad, sugiriendo que esto revelaba cómo las piezas de un engranaje criminal encajaban entre sí. El gobernador también vinculó a Mejía, bajo su alias, con la interferencia de redes terroristas en instituciones de educación superior en Colombia, y sugirió que su presencia podría explicar tanto la persecución contra su administración como la baja operatividad de fuerzas militares en la región frente a disidencias de las Farc.

La situación refleja una crisis de confianza institucional. Las acusaciones, aunque negadas por Mejía y el gobierno, han generado un efecto dominó de desconfianza que toca tanto la seguridad nacional como la integridad de instituciones educativas. El hecho de que Mejía anunciara públicamente su asistencia y luego no compareciera añade otra capa de incertidumbre sobre qué está sucediendo realmente dentro de los círculos de poder.

Mi compromiso es defender la Universidad de Antioquia de quienes, durante más de 20 años, la han saqueado y convertido en un fortín clientelar y político
— Wilmar Mejía, en redes sociales
No tiene cosa alguna que hacer un director de inteligencia representando al presidente de la República en el Consejo Superior del Alma Mater
— Andrés Julián Rendón, gobernador de Antioquia
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué un director de inteligencia necesitaría estar en el consejo de una universidad?

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Formalmente, representa los intereses del presidente. Pero cuando alguien en ese cargo está bajo sospecha de vínculos con grupos armados, la presencia se vuelve problemática. Genera dudas sobre qué información fluye y hacia dónde.

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Mejía dijo que iba a asistir. ¿Qué cambió?

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No sabemos. Anunció públicamente que estaría allí virtualmente, pero no apareció. Eso es lo que más preocupa a la gente: la contradicción entre lo que dice y lo que hace.

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¿El gobernador tiene razón al conectar esto con terrorismo en universidades?

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Está haciendo una acusación seria. Dice que si Mejía está en inteligencia y en el consejo universitario, podría estar facilitando interferencia de grupos armados en esos espacios. Es especulativo, pero la lógica es: ¿quién tiene acceso a ambos mundos?

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¿Qué pasa si Mejía se queda en su cargo?

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La desconfianza institucional crece. Las universidades son espacios de formación política. Si hay dudas sobre quién las representa en sus órganos de gobierno, eso afecta su autonomía y credibilidad.

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¿Y si se va?

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Entonces el gobierno tendría que explicar por qué lo sacó. ¿Fue por presión política? ¿Había algo de verdad en las acusaciones? Cualquier salida genera sus propias preguntas.

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