En un momento en que la inteligencia artificial redefine las fronteras del capital, Nvidia y seis de las mayores instituciones financieras del mundo han anunciado un mecanismo de 500.000 millones de dólares para democratizar el acceso a los chips que alimentan esta revolución. La iniciativa, que convierte el hardware tecnológico en garantía financiera, evoca la titulización hipotecaria de los años setenta y abre una pregunta que la historia ya conoce: ¿puede el ingenio financiero superar la velocidad con que el tiempo vuelve obsoleto aquello que garantiza la deuda?