En una semana donde Wall Street alcanzaba máximos históricos con una quietud más reflexiva que eufórica, tres señales redibujaron el horizonte para quienes construyen empresas tecnológicas: la Fed retrocedió como amenaza inmediata, Anthropic proyectó un crecimiento que desafía la imaginación financiera, y Nvidia comenzó a repartir el peso del boom de infraestructura de IA entre bancos y capital de deuda. El mercado no celebraba; calculaba.