Apple reportó ganancias trimestrales que superaron las proyecciones generales, pero Wall Street respondió con una caída del 8% en sus acciones, recordándonos que en los mercados financieros el éxito no se mide solo por lo que se logra, sino por la distancia entre lo logrado y lo que se esperaba. Las grietas en Servicios y en China —mercado que creció pero no lo suficiente— bastaron para convertir una buena noticia en una señal de alarma. En el fondo, el castigo del jueves no fue un juicio sobre el pasado de Apple, sino una pregunta ansiosa sobre su futuro.