El verano no es una varita mágica para la vitamina D
Cada verano, millones de personas confían en el sol como remedio silencioso para lo que el invierno dejó pendiente. Pero la vitamina D, esa molécula que sostiene huesos, músculos y procesos fisiológicos aún poco comprendidos, no se recupera con la misma facilidad con que se pierde. Los especialistas recuerdan que el déficit acumulado responde a factores individuales —edad, hábitos, condición física— que ninguna estación del año puede corregir por sí sola, y que la salud, en este caso como en tantos otros, exige un plan y no una esperanza.
- El déficit de vitamina D no desaparece con el verano: quienes lo acumularon durante meses necesitan más que sol para normalizarlo.
- Factores como trabajar en interiores, la edad avanzada o la obesidad bloquean la síntesis cutánea incluso en plena temporada estival.
- En personas mayores, la hipovitaminosis D se traduce en debilidad muscular, fragilidad ósea y pérdida de funcionalidad con consecuencias reales en la vida cotidiana.
- Los expertos proponen un enfoque combinado: exposición solar controlada de 10-15 minutos tres veces por semana, alimentación con pescado azul y lácteos enriquecidos, y suplementación individualizada.
- Quienes ya toman suplementos no deben suspenderlos al llegar el verano sin consultar a un profesional: la estación no reemplaza la valoración clínica.
Llega el verano y con él la tentación de creer que el sol resolverá lo que el invierno dejó sin atender. Los especialistas, sin embargo, advierten que esta lógica es engañosa: la exposición solar estival no garantiza normalizar los déficits de vitamina D acumulados durante el resto del año. La Dra. Begoña Ortiz Santodomingo, directora del Área Científica de Farmasierra, lo resume con claridad: el verano no es una varita mágica.
Detrás de esta advertencia hay una realidad compleja. Trabajar en espacios cerrados, usar protección solar sin períodos de exposición directa, tener edad avanzada, vivir con obesidad o padecer enfermedades crónicas son factores que dificultan la síntesis cutánea de vitamina D incluso cuando el sol brilla con generosidad. La vitamina D3 o colecalciferol facilita la absorción de calcio, sostiene la salud ósea y muscular, y participa en procesos fisiológicos cuya importancia aún se está explorando. En personas mayores, su déficit se asocia directamente con fragilidad, debilidad muscular y pérdida de funcionalidad.
El invierno es el principal responsable de estos déficits acumulados: menos horas de luz, menos tiempo al aire libre y menor radiación ultravioleta, incluso en países con tanto sol como España. La alimentación rara vez compensa esta carencia, pues las fuentes dietéticas —pescado azul, huevos, lácteos enriquecidos— no se consumen con la frecuencia necesaria.
Los expertos recomiendan un enfoque combinado: entre diez y quince minutos de sol directo sobre brazos y rostro tres veces por semana, una dieta que incluya pescado azul dos o tres veces por semana, y suplementación cuando todo lo anterior no es suficiente. Ante la pregunta habitual de si conviene dejar los suplementos en verano, la respuesta es clara: no, al menos no sin consultar a un profesional. La decisión debe basarse en niveles sanguíneos medidos y en la situación clínica individual. La vitamina D requiere un plan personalizado, no un calendario.
Llega el verano y con él la promesa de días largos, aire libre y sol abundante. Es fácil pensar que estos meses bastarán para recuperar lo que el invierno nos arrebató: niveles saludables de vitamina D. Los especialistas, sin embargo, advierten que esta lógica es engañosa. La exposición solar estival, por más generosa que sea, no garantiza que quienes acumularon déficits durante el resto del año logren normalizarlos simplemente pasando más tiempo bajo el sol.
La realidad es más compleja. Trabajar en espacios cerrados durante la mayor parte del año, usar protección solar de forma habitual sin períodos de exposición directa, tener una edad avanzada, vivir con obesidad o padecer ciertas enfermedades crónicas: todos estos factores conspiran contra la síntesis cutánea de vitamina D, incluso cuando el verano ofrece sus mejores condiciones. La Dra. Begoña Ortiz Santodomingo, directora del Área Científica de Farmasierra, lo explica con claridad: el verano no es una varita mágica. «Solemos asociar el verano con 'recargar' vitamina D, pero no siempre es suficiente para normalizar un déficit que se arrastra del resto del año. Influyen los hábitos diarios y también características individuales; por eso, en personas con riesgo o con sospecha de déficit, lo adecuado es valorarlo con un profesional sanitario».
La vitamina D, particularmente en su forma D3 o colecalciferol, cumple funciones que van mucho más allá de lo que muchos imaginan. Facilita la absorción de calcio, sostiene la salud ósea y muscular, y participa en procesos fisiológicos diversos cuya importancia apenas comenzamos a comprender. Su ausencia no es un lujo que podamos ignorar. En personas mayores especialmente, el déficit de vitamina D se asocia con debilidad muscular, fragilidad ósea y pérdida de funcionalidad. Los investigadores continúan explorando sus vínculos con otras condiciones de salud, lo que refuerza la necesidad de prevenir y corregir la hipovitaminosis D cuando está presente.
El invierno es el culpable principal de estos déficits acumulados. Las horas de luz se reducen, pasamos menos tiempo al aire libre, y la radiación ultravioleta disminuye significativamente. Esto ocurre incluso en países como España, donde la radiación solar es abundante durante buena parte del año. La alimentación, por su parte, rara vez compensa esta carencia. Las fuentes dietéticas de vitamina D son limitadas: pescado azul, huevos, lácteos enriquecidos. Pocas personas consumen estos alimentos con la frecuencia necesaria para mantener niveles óptimos sin ayuda adicional.
Los expertos recomiendan un enfoque combinado. La exposición solar debe ser controlada: entre diez y quince minutos de sol directo sobre aproximadamente el quince o veinte por ciento de la superficie corporal —brazos y rostro— tres veces por semana. Este tiempo debe adaptarse al fototipo individual, la hora del día y las circunstancias personales. La alimentación debe incluir pescado azul dos o tres veces por semana, además de huevos y productos lácteos enriquecidos. Y cuando estos esfuerzos no son suficientes, la suplementación entra en juego, especialmente para personas mayores, quienes viven con obesidad, quienes padecen enfermedades crónicas o quienes, por razones laborales o personales, tienen escasa exposición solar.
Una pregunta frecuente surge cuando llega el verano: ¿debo dejar de tomar mis suplementos de vitamina D? La respuesta es no, al menos no sin consultar a un profesional. Quienes ya están bajo suplementación no deben interrumpirla ni modificarla por iniciativa propia simplemente porque el calendario cambió de estación. La decisión de mantener, ajustar o suspender debe basarse en la situación clínica individual, en los niveles sanguíneos medidos y en la presencia de factores de riesgo específicos. Como señala la Dra. Ortiz, lo importante es no asumir que el verano, por sí solo, resuelve el problema en todos los casos. La vitamina D requiere un plan personalizado, no un calendario.
Citações Notáveis
Solemos asociar el verano con 'recargar' vitamina D, pero no siempre es suficiente para normalizar un déficit que se arrastra del resto del año. Influyen los hábitos diarios y también características individuales.— Dra. Begoña Ortiz Santodomingo, directora del Área Científica de Farmasierra
No hay que minimizar el déficit de vitamina D puesto que puede impactar en la salud ósea y muscular, y asociarse a debilidad y peor funcionalidad, especialmente en personas mayores.— Dra. Begoña Ortiz Santodomingo
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué el verano no es suficiente para recuperar la vitamina D que perdimos en invierno?
Porque el déficit no es solo cuestión de horas de sol. Si trabajas en interiores todo el año, si usas protector solar constantemente, si tienes más de sesenta años o vives con obesidad, tu cuerpo simplemente no sintetiza vitamina D con la misma eficiencia. El verano ayuda, pero no borra lo que pasó en los meses oscuros.
¿Entonces la alimentación tampoco es suficiente?
No. Las fuentes naturales de vitamina D son pocas y específicas: pescado azul, huevos, algunos lácteos. Para la mayoría de las personas, comer estas cosas dos o tres veces por semana no alcanza. El cuerpo necesita más de lo que la comida puede proporcionar.
¿Qué pasa si alguien toma suplementos todo el año y llega el verano?
Aquí es donde muchos cometen un error. Piensan que el verano es la solución y dejan de tomar los suplementos. Pero eso es un error. La decisión debe tomarla un médico basándose en tus niveles reales de sangre y en tus factores de riesgo personales, no en la estación.
¿Cuál es el riesgo real de tener vitamina D baja?
En personas mayores, es serio. Afecta la absorción de calcio, debilita los huesos, debilita los músculos. Eso significa caídas, fracturas, pérdida de independencia. Y hay investigaciones en curso sobre cómo la deficiencia se vincula con otras condiciones de salud.
¿Cuánto sol necesita realmente una persona?
Unos diez o quince minutos de exposición directa sobre brazos y rostro, tres veces por semana. Pero eso varía según tu tipo de piel, la hora del día, dónde vivas. No es una regla universal.