Mucho antes de que la memoria comience a fallar, el cerebro puede estar enviando señales a través del ánimo. Investigadores de la Universidad Brandeis han identificado una correlación entre la acumulación de proteína tau y el deterioro emocional —ansiedad, apatía, depresión— en adultos mayores cognitivamente intactos, sugiriendo que el Alzheimer no siempre anuncia su llegada con el olvido, sino con un cambio silencioso en cómo nos sentimos. Este hallazgo invita a repensar los umbrales del diagnóstico y a escuchar con mayor atención los estados interiores de quienes envejecen.