En un momento en que el valor de lo vivido supera al de lo poseído, los españoles reafirman el viaje como el gasto que no están dispuestos a sacrificar. La inteligencia artificial emerge no como sustituta del deseo de explorar, sino como intermediaria silenciosa que libera al viajero de la burocracia para entregarlo, más limpiamente, a la experiencia. El lujo ya no se cuenta en estrellas ni en marcas: se mide en la autenticidad de lo que se recuerda.