Tuve que tirarme al suelo para clamar a Dios porque fue lo único que se me ocurrió
En la tarde del miércoles, dos sismos sucesivos —de magnitud 7.2 y 7.5— sacudieron Venezuela con una violencia que la tierra pocas veces anuncia con tiempo suficiente para prepararse. Al menos 188 personas perdieron la vida, más de 1.500 resultaron heridas, y miles pasaron la noche bajo el cielo abierto, entre escombros y silencio roto por réplicas. La tragedia, que declaró zona de desastre al estado La Guaira y paralizó aeropuertos y escuelas, recuerda cuán frágil es la arquitectura humana frente a las fuerzas que habitan bajo nuestros pies, y cuán rápido la solidaridad —nacional e internacional— puede emerger cuando el sufrimiento compartido supera cualquier frontera ideológica.
- Dos sismos en menos de un minuto convirtieron edificios enteros en escombros en Chacao y La Guaira, dejando personas atrapadas y calles cubiertas de polvo y vidrios rotos.
- Las fallas eléctricas y de telecomunicaciones aislaron a miles de familias, mientras casi ocho millones de venezolanos en el exterior vivían la angustia de no poder contactar a sus seres queridos.
- Las autoridades ordenaron a la población permanecer en exteriores ante el riesgo de réplicas, y miles de personas acamparon en las calles con sus mascotas y las pocas pertenencias que lograron salvar.
- La presidenta encargada Delcy Rodríguez declaró estado de emergencia, cerró el aeropuerto de Maiquetía y suspendió clases, mientras las cifras de víctimas se duplicaban hora tras hora conforme avanzaban los rescates.
- Argentina, Colombia, México, Estados Unidos y otras naciones movilizaron brigadas de rescate y ayuda humanitaria, uniendo gobiernos de todo el espectro político ante la magnitud de la catástrofe.
Amparo Díaz estaba en su departamento del cuarto piso en Chacao cuando sintió que el edificio comenzaba a sacudirse con una violencia que no había experimentado jamás. Tirada en el suelo, clamando a Dios, logró salir con su familia cargando apenas galletas, agua y ropa interior. Esa noche durmió en la calle, como miles de venezolanos más.
Dos sismos golpearon el país el miércoles por la tarde: primero uno de magnitud 7.2 y, cuarenta segundos después, otro de 7.5. Para el jueves por la tarde, las autoridades contabilizaban al menos 188 muertos y más de 1.500 heridos, cifras que seguían creciendo. El estado La Guaira fue declarado zona de desastre; en Chacao, el alcalde Gustavo Duque confirmó cuatro edificios completamente colapsados y más de treinta en situación comprometida.
El ministro del Interior, Diosdado Cabello, ordenó a la población permanecer en exteriores hasta verificar la solidez de cada construcción. Los vecinos describían escenas de oscuridad, sin luz ni agua, con estructuras dañadas por todas partes. La presidenta encargada Delcy Rodríguez declaró estado de emergencia, cerró el aeropuerto de Maiquetía y suspendió las clases el resto de la semana.
Las fallas eléctricas y de telecomunicaciones agravaron el drama humano: familias enteras sin poder comunicarse, y personas como Dinorah Escalona esperando rescatistas y maquinaria pesada para sacar a un hermano atrapado entre los escombros de su casa en La Guaira. Se abrieron plataformas ciudadanas para reportar desaparecidos, mientras los casi ocho millones de venezolanos en el exterior vivían la angustia de la incertidumbre.
La respuesta internacional fue inmediata. Argentina, Colombia, Ecuador, El Salvador, México y Estados Unidos, entre otros, anunciaron envíos de ayuda y brigadas de rescate. El secretario de Defensa estadounidense Pete Hegseth señaló que la misión era clara: salvar vidas y entregar ayuda crítica donde más se necesitaba. En medio de la devastación, la urgencia de la tragedia logró lo que pocas veces consigue la política: unir a gobiernos de todo el espectro ideológico en torno a un mismo propósito.
Amparo Díaz estaba en su departamento del cuarto piso cuando sintió que el mundo se movía bajo sus pies. El edificio en Chacao comenzó a sacudirse con una violencia que le hizo pensar que moriría. "Fue trágico", recordaría después. "Pensé que iba a morir. Tuve que tirarme al suelo para clamar a Dios porque fue lo único que se me ocurrió". Ella y su familia lograron salir del inmueble, viendo grietas en las paredes, cargando lo poco que pudieron: galletas, agua, ropa interior. Esa noche, como miles de otros venezolanos, durmió en la calle.
Dos sismos golpearon Venezuela el miércoles por la tarde. El primero alcanzó magnitud 7.2; cuarenta segundos después, llegó el segundo con magnitud 7.5. El impacto fue devastador. Hasta la tarde del jueves, las autoridades contabilizaban al menos 188 personas muertas, más de 1.500 heridas, y daños materiales aún sin cuantificar completamente. Los números seguían creciendo conforme avanzaban las labores de búsqueda y rescate.
El estado La Guaira fue declarado zona de desastre. En el municipio de Chacao, el alcalde Gustavo Duque informó que en un primer vistazo los funcionarios detectaron cuatro edificios completamente colapsados y más de treinta en situación comprometida. "No nos vamos a mover de acá hasta rescatar a la mayor cantidad de personas posible", aseguró. Las calles se llenaron de escombros, polvo, vidrios rotos. Los ciudadanos que pudieron evacuar se establecieron en las calles durante la noche, resguardando las pocas pertenencias que lograron sacar, muchos acompañados de sus mascotas, todos con dudas sobre qué vendría después.
La orden de permanecer en exteriores vino del ministro del Interior, Diosdado Cabello, quien advirtió sobre la posibilidad de réplicas y la necesidad de verificar la solidez de cada construcción antes de permitir que la gente regresara a sus hogares. Leandri Salazar, otro habitante de Chacao, describió lo que vio al regresar a su vivienda: "Está feo. No hay luz, no hay agua, hay estructuras dañadas". Las autoridades locales recorrían el municipio evaluando daños y realizando las primeras labores de búsqueda y rescate.
La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, declaró estado de emergencia durante la noche del miércoles. Anunció que el Aeropuerto Internacional de Maiquetía permanecería temporalmente cerrado por daños graves en su infraestructura y que las clases se suspenderían el resto de la semana. En su primer mensaje a la nación no ofreció cifras de víctimas, enfatizando que la prioridad era la búsqueda y rescate. Fue horas después, ya durante la madrugada del jueves, cuando brindó los primeros números: 32 fallecidos y alrededor de 700 heridos, sin contar a las víctimas en La Guaira. Por la mañana, esas cifras se duplicaron y luego volvieron a crecer hasta alcanzar los 188 muertos y más de 1.500 heridos registrados hasta ese momento.
Una de las primeras consecuencias fue la dificultad para comunicarse. Las fallas eléctricas y las intermitencias en las redes de telecomunicaciones dejaron a miles de personas sin poder contactar a sus seres queridos. Casi ocho millones de venezolanos viven en el exterior, según cifras de la ONU, y muchos de ellos vivían la angustia de no saber qué había pasado con sus familias. Se abrieron diversas plataformas ciudadanas para reportar a personas desaparecidas. Dinorah Escalona contó a CNN que uno de sus hermanos estaba atrapado entre los restos de su casa en Los Corales, en Caraballeda, estado La Guaira. "Se quedó atrapado, ahí está en los escombros", dijo mientras esperaba que llegaran más rescatistas y maquinaria pesada.
La solidaridad internacional llegó rápidamente. Países de América y otros continentes lamentaron lo sucedido e inmediatamente ofrecieron envíos de ayuda humanitaria y brigadas de rescate. Argentina, Colombia, Ecuador, El Salvador, México y Estados Unidos, entre otras naciones, se alistaban a enviar apoyo. El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, anunció que por órdenes del presidente Donald Trump, su departamento y el Departamento de Estado se movilizaron de forma inmediata. "Nuestra misión es clara: salvar vidas y rápidamente entregar ayuda crítica donde es más necesaria", señaló. Estos ofrecimientos provenían de gobiernos de todo el espectro político, una situación en la que la urgencia de atender la tragedia superaba las diferencias ideológicas. Para los miles de venezolanos que buscaban a sus seres queridos entre los escombros, la espera seguía siendo larga y difícil de llevar.
Citas Notables
Fue trágico. Pensé que iba a morir. Tuve que tirarme al suelo para clamar a Dios porque fue lo único que se me ocurrió— Amparo Díaz, residente de Chacao
No nos vamos a mover de acá hasta rescatar a la mayor cantidad de personas posible— Gustavo Duque, alcalde de Chacao
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Cómo es posible que dos sismos de esa magnitud golpeen el mismo lugar con solo cuarenta segundos de diferencia?
Los sismos no fueron exactamente en el mismo lugar. El primero fue de 7.2 y el segundo de 7.5, lo que significa que el segundo fue más fuerte. Eso es lo que hace que la gente sienta que el mundo se desmorona dos veces seguidas, sin tiempo para procesar lo que está pasando.
¿Por qué tantas personas durmieron en la calle si sus casas seguían en pie?
Porque nadie sabía si sus casas seguían siendo seguras. Las autoridades ordenaron que la gente permaneciera en exteriores por la posibilidad de réplicas y porque muchos edificios tenían grietas, daños estructurales que no eran visibles a simple vista. El miedo a que algo se derrumbe encima de ti mientras duermes es más fuerte que el frío de la noche.
¿Qué pasó con la gente que estaba atrapada en los escombros?
Eso es lo que nadie sabía con certeza. Dinorah Escalona sabía dónde estaba su hermano, atrapado en Los Corales, pero no podía hacer nada más que esperar a que llegaran rescatistas y maquinaria pesada. Otros ni siquiera sabían si sus familiares estaban vivos o muertos porque no podían comunicarse.
¿Las comunicaciones estaban completamente cortadas?
No completamente, pero sí muy dañadas. Las fallas eléctricas y las intermitencias en las telecomunicaciones hicieron que fuera casi imposible llamar o enviar mensajes. Imagina estar fuera del país, en el extranjero, sin poder saber si tu familia sobrevivió. Casi ocho millones de venezolanos viven en el exterior.
¿Cómo respondió el mundo?
Rápidamente. Países de todo el espectro político ofrecieron ayuda. Incluso Estados Unidos, que había tenido tensiones con Venezuela, se movilizó de inmediato. Cuando una tragedia es tan grande, las diferencias políticas desaparecen. Lo que importa es salvar vidas.